Fotografía: Montse Garriga / Estilismo: Pete Bermejo
Interiorismo: Elvira Medina de Churruca y Tanana Montero

¿Lo nuevo del estudio Kuneo Interiors? La casa del XV donde durmieron Carlos de Borbón y Alfonso XII

Esta vivienda solariega e histórica en Navarra se halla en una lenta y delicada renovación a cargo del despacho madrileño. Papeles pintados y muebles del XIX con arte contemporáneo de Jordi Alcaraz o Manolo Ballesteros. Cambiarlo todo para que nada cambie podría ser el lema de su escudo de armas.

Cualquier casa tiene una historia que merezca la pena ser contada. Pero pocas tan intensas y que hayan marcado tanto su estética y su presente como esta. Situada en uno de los pueblos más bonitos de Navarra, en un tramo esencial del Camino de Santiago, la enorme construcción de 1.000 metros cuadrados data, al menos en su corazón central, del siglo XV. Reformarla sin saltarse los límites impuestos por la protección del patrimonio histórico fue y está siendo un esfuerzo titánico que a Elvira Medina de Churruca y Tanana Montero, socias del estudio Kuneo Interiors, les llevará al menos 10 años, calculan ellas. Y es que la carpintería, la fontanería, la electricidad… todo hubo de ser repensado al inicio del proyecto para que el espacio pueda seguir albergando a la familia con ciertas comodidades.

En una esquina de uno de los salones, mesa castellana del XVII, retrato del Arzobispo de Toledo del XVIII y candelabros italianos de herencia familiar. La portada muestra otro salón con butacas y sillas isabelinas en estilo afrancesado y un espejo antiguo. Los otros pequeños con cornucopias y la lámpara de pie han sido adquiridos en Las Pulgas de París.

Otra de las salas de esta vivienda obra de Kuneo Interiors con papel pintado de principios del XIX, al igual que el marco de la puerta pintado imitando carey. Sobre el sofá, suzani antiguo de Estambul y, encima de la mesita, escultura, en Jon Urgoiti, y dibujo de Eduardo Lalanne, en Mercedes Urquijo. En la butaca de la dcha., almohadón de Pepe Peñalver. 

En uno de los salones de la primera planta, sillería del XIX original de la casa, jarrón de alabastro italiano del XVII sobre pedestal de herencia, como los cuadros, y consola de marquetería mallorquina Carlos III, en Berenis.

El arquitecto detrás de la última actualización fue Ramón de Arana, que también se encargó, hace años, de limpiar la fachada del hotel Villa Magna de Madrid. Tuvo mucho cuidado en no dañar su esqueleto, diseñado alrededor de una escalera central construida hace más de 100 años por un arquitecto italiano desconocido. “Lo más difícil fue fijar una idea de conjunto y que, aunque se vaya actualizando por partes, los cambios no se conviertan en parches sino en fases de un todo armónico”, explica Elvira.

Historia intacta

En sus tres plantas la distribución se adaptó a los tiempos sin demasiados retoques. En la baja, la bodega, el garaje y las zonas de almacenaje dan salida al jardín. En la primera se ubican las áreas comunes: dos salones, una biblioteca, un comedor, una terraza, la cocina y un pequeño cuarto de estar que las fundadoras de Kuneo Interiors modernizaron de forma muy sutil. El segundo piso cobija los ocho dormitorios, en los que se acondicionaron nuevos baños, y la antigua capilla. “El reto era cambiar sin cambiar, renovar sin perder la esencia de su pasado, que es una maravilla”, resume Elvira. En este esfuerzo gatopardesco de restauración decidieron conservar los suelos, mitad de barro y cera roja, mitad de madera, las aperturas de las ventanas y los preciosos papeles pintados del XIX de muchas de las estancias.

El comedor-biblioteca dispone de lámpara de techo de Las Tiendas de San Enrique y apliques, en Años Luz Proyectos, sillas española de estilo Chippendale tapizadas con tela de Ian Sanderson y mesa vestida con mantel de Christopher Farr Cloth, en Pablo Torre Interiorismo.

Pareja de butacas y puf, en La Europea, con tapicería en espiga de Pablo Torre Interiorismo, y almohadones, en Pepe Peñalver. Espejos de anticuario francés, alfombra de herencia familiar y, en la cómoda de la izquierda, caja de la artista Isabel Alonso. Sobre la chimenea, dibujo de Eduardo Lalanne.

La cocina ha sido totalmente rediseñada por Kuneo Interiors con piezas blanco nuclear y suelo de baldosa hidráulica de Mosaic Factory. El vajillero es de herencia.

Elvira Medina de Churruca, de Kuneo Interiors, en el comedor de diario de la casa familiar que ha rehabilitado parcialmente. Diez años, calcula, le llevará rematarla.

En la sala que da al comedor, encima de la vitrina Imperio de anticuario francés, dibujo de Rafa García, en ES Fascinante, papel de pared de los años 50 y suelo original de barro y cera roja.

Imitando el pasado

También algunos de los bodegones de las paredes, las telas dibujadas del pasillo y, sobre todo, la entrada, decorada con cantos de río y tabas de huesos de cordero haciendo dibujos de animales y plantas, entre ellos un león sentado que enseñas las garras y del que no se conoce su significado exacto. Las sillerías suman dos siglos y en ellas aparecen los escudos de los señoríos y de las familias de los antepasados de los propietarios. “En cambio a la cocina, que había sido reformada en los años 70 de una manera muy poco interesante, decidimos darle un giro totalmente contemporáneo, con suelos hidráulicos que se amalgaman bastante bien con los originales. Tiramos tabiques y habitaciones pequeñas y oscuras para darle protagonismo y luz”, sigue Elvira.

Es una de las pocas concesiones al siglo XXI, que también encuentra su hueco en las paredes y en el arte. Los bodegones y retratos herencia de familia dialogan con obras de Manolo Ballesteros, Jordi Alcaraz o Eduardo Lalanne. Mientras, las sillas de My Nordics del comedor hacen compañía a lámparas rescatadas o adquiridas en la ya desaparecida Las Tiendas de San Enrique. “Me gusta comprar arte contemporáneo en Miquel Alzueta, Marita Segovia o Mercedes Urquijo”, detalla Medina de Churruca. “Como en la vivienda se conservaban tantas piezas de valor traídas de Francia, Italia o Inglaterra no tuvimos que recurrir a anticuarios excepto en casos muy puntuales. Una parte de la colección que el general Álava rescató de los tesoros robados por José Bonaparte en el XIX está aquí”, recalca.

El comedor de diario que da a la terraza se ha actualizado con papel de Colony y pintando de azul huevo de pato. Mesa heredada, sillas de My Nordics, aparador antiguo con dibujo de Jordi Alcaraz, en Miquel Alzueta, vajilla personalizada con las iniciales de los dueños, en El Almacén de Loza, y lámpara en Las Tiendas de San Enrique.

La escalera, diseñada a principios del XIX. “Es muy singular, ya que la arquitectura de la zona es muy diferente, pero los propietarios en aquella época quisieron darle más importancia y trajeron a un arquitecto de Italia para realizarla”, explican en Kuneo Interiors. Retratos y óleos heredados y, debajo, repostero con el escudo de armas de la familia.

Uno de los dormitorios con cabeceros de madera, fotografía de Eduardo Nave, en Galería Daniel Cuevas, junto a retrato antiguo heredado, lámpara de techo de los años 40 de hierro dorado, en Subastas Ansorena, y colcha y cojines con lino estampado Isabela de Pepe Peñalver.

Dormitorio principal con cama mallorquina heredada, mesillas y sofá comprados en un anticuario francés, lamparitas de mesa, en Zara Home, y ropa de cama de Pepe Peñalver. Las boiseries y frisos de cerámica son los originales de la casa.

No es un enclave cualquiera

Además, en Kuneo Interiors acondicionaron la terraza de la primera planta rehaciendo completamente su suelo y abriendo el interior al exterior, en un intento “de borrar un poco la sensación de museo de algunas zonas y reivindicar el espacio doméstico”, dicen. Construida sin cimientos (“como se hacía en aquella época”, nos cuenta el propietario, que prefiere no desvelar su nombre) pero con grandes muros de piedra, este lugar excepcional fue cuartel general durante la última guerra carlista y una de las residencias del Patrimonial de Navarra. Algo así como del ministro de Hacienda de los reyes forales, que residía en ella un mes en primavera y otro en otoño para inspeccionar los señoríos de la región.

En ella durmió el pretendiente Carlos de Borbón antes de huir a caballo con sus generales por última vez, y también Alfonso XII con las tropas isabelinas acariciando la victoria. Hoy en día, a la sombra de la historia, la vivienda sirve de refugio de fin de semana para sus herederos, que pasan aquí también una parte del verano. “Es un lugar para disfrutar con gente, sus hechuras lo permiten”, remata el dueño. Lo dicho: cambiarlo todo para que nada cambie.

La terraza rehabilitada por Kuneo Interiors abre el interior al exterior y añade un nuevo suelo de piedra abujardada de Campaspero. Sillas y butacas de Tine K Home, mesitas de piedra, en Antigüedades El Jueves, y maceteros, en Sine Nomine Decoración.

La parte más antigua de la construcción data del XV. Salón de paso a doble altura con alfombra de la Real Fábrica de Tapices. Arriba, la capilla y los ocho dormitorios.

Una puerta camuflada como librería da acceso de la biblioteca a la cocina. En las estanterías, copias de lomos de los libros de la casa hechos por El Rejón.