¿Lo nuevo de Laura Gonzalez? Un hotel parisino que resume (desde la opulencia) el fundamento japonés del Art Nouveau

Fotografía: Stephan Julliard
Interiorismo: Laura Gonzalez

Lejos de imitar un animal o una planta, mejor quedarse con su esencia elemental. Esa fue la idea que el Modernismo francés adoptó del arte oriental, y también la que ahora ha plasmado esta diseñadora en un proyecto que comparte, de forma silenciosa, el mejor contorno de ambos mundos.

A estas alturas del siglo XXI ya ha quedado claro que la ciudad de París tiene predilección por una interiorista como ella. Y no únicamente porque en 2019 se le concediera el premio Diseñadora del Año de la feria Maison&Objet. También porque es en la capital de Francia donde la europea, de madre gallega y padre francés nacido en Argelia, ha desplegado el dote por el que hoy se la conoce. Laura Gonzalez es, y lleva siéndolo durante años, la reina del maximalismo, sobre todo gracias a la destreza con la que combina joyas de toda época y procedencia que, en manos de cualquier otro, resultarían simplemente un fallido popurrí. Se evidenció en el restaurante Dar Mima que Gonzalez proyectó en un edificio parisino de Jean Nouvel. Y ahora lo ratifica con el interiorismo de Hotel Hana, su último proyecto hasta la fecha firmado a cuatro manos con Olivier Leone, director artístico.

Vista del restaurante. En portada, el lobby del proyecto con el mostrador confeccionado ad hoc por Sonja de Monchy.

Retrato de Laura Gonzalez en el Hotel Hana, cuyo nombre significa flor en japonés.

Una de las suites con las que cuenta el complejo, donde los estampados orgánicos recubren hasta el más mínimo tejido existente.

La coautora habla con MANERA una semana después de la inauguración, contenta y feliz de ver que el proyecto con el que llevaba dos años trabajando por fin se ha hecho realidad. Todavía se acuerda bien de cuando el cliente la llamó. “Junto a Olivier, lo que querían era que yo aportase un lado femenino al hotel, algo precioso y con cierta gracia y distinción”. Lo dice, muy probablemente, porque el complejo se ubica entre la Ópera Garnier y la Place de la Bourse. Poco sitio queda allí para cualquier nuevo cinco estrellas de un gigante del lujo o para otro mini hotel boutique mimado al extremo. En el centro de París, toda demanda turística se plantea cubierta de hace años, por lo que era inteligente que los dueños, en pos de diferenciarse del resto, buscaran la visión de Laura Gonzalez.

Punto de partida

La interiorista empezó rebuscando en el contexto. Y si el distrito del Hotel Hana se fundía entre la historia y la modernidad, que es en lo que ella recaló, esa mezcla la reprodujo aunque llevándola a su terreno. A la fusión de referencias. “Nuestra inspiración surgió del encuentro entre la energía de París y el arte de vivir japonés, combinando las dos influencias para crear un entorno armonioso y refinado, y tratando de no caer en la exageración folclórica”. Es lógico lo último que comenta. ¿Qué sentido tiene alzar un hotel en la capital francesa lleno de tatamis, xilografías, paredes de madera y lámparas artesanales de papel? Para reels de Instagram y TikTok que descubren “secretos escondidos” en las ciudades, serviría. Aunque no para un hotel cuyas suites pueden llegar a costar 1.800 euros la noche.

La madera oscura se aplicó a lo largo del interiorismo con un excepcional trabajo de marquetería de los que ya no quedan.

Los ricos y opulentos detalles, orquestrados por Laura Gonzalez, se llevan el protagonismo. Foto: Robin Le Febvre.

Otra perspectiva del restaurante.

Perspectiva de los pasillos que, a diferencia de lo que sucedería en cualquier otro proyecto, aquí se han trabajado hasta el milímetro para que no consistan en una simple zona de paso. El hotel dispone de 25 habitaciones, entre las que destacan dos generosas suites.

La cocina del restaurante se dejó abierta para que los chefs formen parte del paisaje interior.

Esquivar lo evidente es lo que Laura Gonzalez hizo, y para ello se rodeó de un buen equipo tal y como explica. Recurrió a artesanos franceses: “Contacté con Sonja de Monchy, Ateliers Roma y Signature Mural, que nos ayudaron a utilizar materiales naturales y lujosos como maderas, piedras, cueros y yesos minerales para vestir las paredes”. Una vez el caparazón del Hotel Hana hablaba por sí solo, tocaba darle un discurso con los suntuosos muebles a medida a los que la interiorista acostumbra. “El mobiliario ahora es el que marca el espacio”, subraya. “A mí me encanta especialmente el mostrador del lobby, sublimado por la visión artística de Sonja de Monchy”.

Infinita paz interior

Con ese pequeño mueble lacado se da la bienvenida a los huéspedes, empezando así un viaje especial en el que cada rincón cuenta con carácter propio. Resaltan atrevidas combinaciones cromáticas, estampados exquisitos y una sensación de silencio sepulcral que se extiende incluso allá donde más podría costar conseguirlo, el restaurante-bar Hanabi y el espacio favorito de Laura Gonzalez, en el que es posible comer sin necesidad de mantener una conversación. Nadie la echará en falta mientras observa a los chefs haciendo lo suyo en la cocina abierta, o mientras se aprecia los revestimientos de Ateliers Roma. Justo después de haberse dado un buen baño en una piscina interior donde la atención, ojo, se la lleva la escalera con tintes Art Nouveau.

Así es el bar proyectado por Laura Gonzalez.

Vista de la piscina interior del Hotel Hana.

Otro detalle que muestra la minuciosidad del hotel en cuanto a acabados. Foto: Robin Le Febvre.

Los azulejos de los baños imitan las baldosas artesanales que se ven en muchas habitaciones a lo largo de sus suelos. Foto: Robin Le Febvre.

El punto de encuentro entre materiales fue uno de los matices en los que más trabajó Laura Gonzalez. Foto: Robin Le Febvre.

Mediante tal guiño, tan sutil como contundente, la interiorista hizo referencia a ese París a caballo entre el XIX y el XX que bebió de lo japonés y de su admiración por la naturaleza para engendrar el Modernismo. Hay más signos de la corriente –en tapizados, lámparas de mesa o en los biombos divisorios en las habitaciones-, pero son tan mínimos que si no se sabe de arte o diseño nadie llegará a percibirlos. Lo esencial es que se sientan y experimenten, y eso sí ocurrirá tras haber pasado una noche en una atmósfera que, pese a estar en París, rezuma una inesperada calidez por los cuatro costados.

Otra perspectiva del restaurante del Hotel Hana, a pocos metros de las parisinas Galeries Lafayette.

Detalle de los patrones que acompañan los armarios de las suites. Foto: Robin Le Febvre.