De antiguas fábricas a ‘lofts’ de ensueño: las naves industriales rehabilitadas son el momento y el ahora

Hablamos con tres especialistas en recuperar estos espacios llenos de valor histórico para que nos cuenten qué es lo que los hace tan irresistibles, y por qué han vuelto a causar tendencia. Ellos son Jorge Sobejano, de Burr Studio; Benjamin Iborra, de Mesura; e Isern Serra. 

Los espacios industriales siempre han tenido algo que resulta inexplicablemente atractivo, un hechizo en el que muchísimos quieren vivir. Son ambientes eclécticos por naturaleza, donde un aparador Luis XV casa a la perfección con la silla Panton de Vitra, junto a un lienzo de grandes dimensiones apoyado en la pared y sobre la crudeza del suelo de hormigón. Pero estos interiores no son solo joyas estéticas de revista, sino que han cobrado un nuevo significado sostenible en los últimos tiempos. “Como dicen Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, never demolish”, comienza Benjamin Iborra, uno de los miembros cofundadores del despacho catalán Mesura. Ni siquiera la mismísima Angelina Jolie se ha podido resistir al atractivo de estos espacios, quien ha alquilado recientemente el estudio que compartieron en su día Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat en Nueva York.

Estudio de Andrés Reisinger en Barcelona diseñado por Isern Serra. Al fondo, sillón Hortensia, editado por la firma Moooi. Foto: Salva López.

Una preciosa escalera de acero inoxidable en forma de caracol conecta las dos plantas del estudio. Foto: Salva López.

Fue en la ciudad de los rascacielos, de hecho, donde se vieron por primera vez estos lugares que en un principio no estaban diseñados para la vida humana. El ejemplo más famoso es, sin duda, la Silver Factory de Warhol, y su secreto está en el espacio. La amplitud, la gran volumetría, es el verdadero lujo del siglo XXI, y el loft lo ofrece. “No estaban pensadas para el hombre, sino para la industria. Pilares de hormigón, altos techos a dos aguas con vigas de madera, grandes ventanales por donde entraba la maquinaria…”, explica el diseñador Isern Serra. Desde Mesura, Iborra lanza otra reflexión acorde con la diafanidad: “Actualmente, la tendencia en la vivienda pasa por reducir los espacios, por triturar, por compartimentar. Y, en realidad, cuando entras en un loft industrial, la sensación de amplitud te da algo nuevo, tu mente vuela”. 

Ventajas para los nuevos tiempos

Lo que queda claro es que la manera en que se viven las casas ha cambiado últimamente. Es lógico. El teletrabajo ha convertido la vivienda en un espacio de oficina para muchos, y así como una tienda puede ser un taller, una casa puede llegar a servir de estudio también. “Nosotros no hacemos viviendas en naves, sino espacios híbridos”, cuenta Jorge Sobejano, de Burr Studio, y prosigue. “Un punto medio entre el espacio público y el privado, la oficina y la vivienda, el taller y la sala de exposiciones”. Un gran ejemplo de este mestizaje de usos es la rehabilitación que ha llevado a cabo este despacho madrileño en la casa-estudio Blasón, donde se recupera un edificio hijo de la industria casi extinta en la capital española, para evitar su demolición y darle una nueva vida como loft. Asimismo, Isern Serra ha firmado recientemente el estudio de Andrés Reisinger en Barcelona, poniendo en valor los materiales y la historia industrial de la estructura con el hormigón y el acero inoxidable como claros protagonistas.

Patio de la casa-estudio Blasón que Burr Studio abrió para dotar al proyecto de espacio exterior. Foto: Maru Serrano.

Otro proyecto de rehabilitación de Burr Studio, Eulalia, con especial foco en proteger el legado industrial de la ciudad de Madrid. Foto: Luis Díaz Díaz.

Para evitar su demolición, Burr convirtió este antiguo almacén de bebidas en el proyecto MRT, un espacio híbrido para la vida y el trabajo. Foto: Maru Serrano. 

Comedor de Vasto Gallery diseñado por Mesura. Bajo la estructura de hierro, la mesa color hueso de ocho metros es una de las pocas piezas fijas de la casa. Foto: Salva López. 

La sede de Mesura en Carrer de Gomis 34, Barcelona, es otro gran ejemplo de una rehabilitación industrial. Foto: Iris Humm. 

Aunque, como apunta Sobejano, la palabra loft ha sido malgastada y mancillada por el mercado inmobiliario con el objetivo de inflar los precios, su reciente boom no se puede explicar sin tener en cuenta el entorno económico actual. El descomunal incremento de precios en la vivienda ha hecho que artistas y creativos busquen espacios más económicos en zonas olvidadas o marginadas, “hasta que se pongan de moda y se desplacen a otras zonas”, recalca Serra. Es lo que ha pasado en barrios como El Poblenou de Barcelona, o Carabanchel, en Madrid. No es de extrañar que los habitantes de estas casas compartan y promuevan una manera distinta de pensar. En palabras de Iborra, “las personas que apuestan por un local así entienden el espacio de una manera similar a la nuestra, donde tienes cierta flexibilidad mental para adaptarse al espacio y a los usos, además de una manera transgresora y experimental de vivir”. 

Una casa sostenible

Ahora bien, todo reto contempla su grado de dificultad, y este caso no iba a ser menos. El loft industrial, los almacenes o las antiguas fábricas son espacios en crudo, volúmenes donde todo está por hacer, “especialmente en lo relativo a la impermeabilización, el aislamiento y las instalaciones”, explica Sobejano. “Se trata de grandes volúmenes de aire que pueden requerir un aporte energético desmesurado, si no se hace bien”, añade. Estas transformaciones perderían el sentido si no se tuviera en cuenta la sostenibilidad, y tanto Mesura, Isern Serra como Burr Studio lo priorizan en todos sus proyectos. Como estos últimos subrayan, “lo positivo es que, en muchos casos, al estar en contacto tanto con el terreno como con la cubierta, hay muchas opciones para incluir el aporte de energías renovables como la geotermia o la energía solar”.

En la Vasto Gallery, donde se exponen piezas como el arte de Berta-Blanca T. Imanov y la mítica silla Willow de Charles R. Mackintosh, un gran volumen central de madera divide el espacio. Foto: Salva López.

La habitación de Vasto Gallery es la zona más privada, aunque Mesura mantiene la fluidez entre sus elementos como la cama y los lavabos. Foto: Salva López.

De nuevo en el comedor de Vasto Gallery, sillas MR10 de Mies van der Rohe en Cobalto Archive y lámpara de techo Tekio 4 de Santa & Cole. Foto: Salva López.

Ya sea por una cuestión estética o económica, la rehabilitación de un loft en nuevos usos lleva consigo una defensa, la del legado arquitectónico. “Estos espacios forman parte de la historia urbana de la ciudad y creemos que tiene un valor conservarlos y reprogramarlos, en vez de demolerlos”, manifiesta Jorge Sobejano. Gracias al trabajo de Mesura, por ejemplo, todavía podemos disfrutar de los techos únicos de Vasto Gallery en un maravilloso espacio diáfano de casi 500 metros cuadrados. “Así como otros lugares en el mundo apuestan siempre por construir obra nueva, aquí tenemos una mentalidad donde, antes de hacer algo nuevo, miramos cómo reutilizar y revivir espacios existentes”, concluye Iborra. “Este es un principio de sostenibilidad muy importante que se debe recalcar”. Volviendo al inicio, y citando nuevamente a Lacaton y Vassal, never demolish

Los sofás Extra Soft de Piero Lissoni para Living Divani presiden el salón de Vasto Gallery. En el centro, mesa Split con restos de obra realizada por Sara Regal en colaboración con Mesura. Foto: Salva López.

Cocina de acero inoxidable en el estudio de Andrés Reisinger. El material, de origen industrial, respeta el legado histórico de la construcción. Foto: Salva López.