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Fotografía: Mathias Van Duuren
Interiorismo: Quiet Studios

El nuevo restaurante ‘Magnolia’ de Quiet Studios ya florece en Lisboa

Un director de cine, una repostera, una flor y una película han sido los ingredientes necesarios para dar vida al pintoresco Magnolia en Lisboa que se ha encargado de imaginar Quiet Studios.

Cuando el director de cine Yves Callewaert tuvo la idea de crear un espacio gastronómico en la capital portuguesa, sabía desde un primer momento con quién se quería juntar. La magia en la cocina iba a ir de la mano de la chef Camila Martins, una repostera brasileña excelente por la que sí o sí tenía que apostar. Y para el interior no podía contar con otra que no fuera su gran amiga Daniela Franceschini, de Quiet Studios. Entre los tres plantaron la semilla de lo que hoy se conoce como Magnolia: un restaurante con aires de otra época que hace las delicias de todos los que pasan por la Praça das Flores en Lisboa.

Interior del restaurante diseñado por Quiet Studios, incluyendo barra de madera y marmol y mesas.

En el exterior, taburetes y mesas de Quiet Studios.

Fue la propia Daniela Franceschini la que dio con este particular local en una esquina de la plaza lisboeta. Un proyecto en la Praça das Flores debía tener el nombre de una flor como “Magnolia», pero es que, además, la película con el mismo nombre de 1999 es la favorita de su dueño Yves. Dos pájaros de un tiro. El local había sido la típica cafetería y panadería de barrio y llegó a oídos de Franceschini que estaba en traspaso. El espacio que se creaba entre el típico suelo portugués de baldosa hidráulica y el precioso mural de 1930 que coronaba el techo fue el perfecto para Magnolia.

 
Calculado al milímetro

Si algún reto tenía este restaurante para Daniela, ese era su tamaño. Cuando entraron al local se lo encontraron completamente compartimentado y, como mucho, entraban dos mesas. El espacio que había entre el suelo y el techo les forzó a pensar en una estrategia para maximizar la usabilidad y la comodidad del personal. “Quería tener mucho cuidado con que el restaurante pareciera que en realidad siempre había estado así. Pintamos la pared en pintura a la cal, diseñé todos los mueblecitos para que encajaran y entrara el máximo personal posible, y los muebles que no diseñamos, intentamos que por lo menos fueran de época”, cuenta Daniela.

Estantería de los años 50 encontrada en Francia en el nuevo restaurante Magnolia de Lisboa.

Nada más entrar destaca la estantería de los años 50 que adorna una gran pared llena de vinos. La encontraron en Francia, y ha tenido mucho que ver en la naturaleza del restaurante. En un principio, Yves y Camila pensaron en Magnolia como un lugar donde servir desayunos, almuerzos, pero que cerrara por la noche. Un espacio para disfrutar de la tranquilidad de la mañana. Sin embargo, poco a poco la estantería de los años 50 se fue llenando de vinos que se empezaron a servir en horas más tardías, y orgánicamente Magnolia se sumó a los vinos, los aperitivos y las cenas.

 
Diseño único

Los muebles fueron cuidadosamente diseñados por Quiet Studios para que encajaran a la perfección en el espacio. Las mesas, la barra de madera y mármol y los taburetes, por ejemplo, fueron exclusivamente creadas para el restaurante. Unas piezas inspiradas en el diseño de bistró pero con el sello de Daniela Franceschini. Para la diseñadora, su creación favorita es el largo banco de piel que proyectaron ad hoc. La mayoría de los muebles en Magnolia son móviles y versátiles, pero este es de los pocos fijos en el restaurante.

Taburetes diseñados exclusivamente para Magnolia Lisboa.

Banco de cuero fijo, el favorito de Daniela Franceschini.

Pomos de puerta diseñados por Quiet Studios.

La iluminación también sigue el hilo conductor floral. Solo había cuatro puntos de luz en el techo y los aprovecharon con la lámpara Normandy de Barracuda Interiors. “Los de Barracuda trabajan con algunos de los artesanos más antiguos de Lisboa que llevan muchísimas generaciones haciendo las lámparas de latón de las calles, y diseñaron esta pieza llamada Normandy. Son flores que salen del techo y encajan genial en el espacio”. 

Magnolia es un espacio bohemio e inesperado. Y, tras haber decorado esta pequeña flor del barrio alto de Lisboa, ¿qué es lo primero que se pediría Daniela nada más entrar al local? “Un vino. Eso sí, hacen una sopa de tomate maravillosa, unas albóndigas de cordero excelentes, unas coles de bruselas asadas con tajine que te mueres”. Lo que sea necesario para coger fuerzas y seguir adelante con el próximo proyecto. En este caso, un gran hotel en el que lleva trabajando ya los últimos tres años.

Lámpara Normandy de Barracuda Interiors.

Mesa, banco, barra de bar y tiesto de la pared de Quiet Studios.

En el baño, lámpara y espejo encontradas en anticuarios.