Fotografía: Germán Saiz / Estilismo: Ángela Esteban Librero
Interiorismo: Marcos Trueba

Con madera y mucho lujo, Marcos Trueba diseña este piso añorando un icono de la Cuba ‘mid-century’

Tras una sobremesa con el dueño del apartamento madrileño, el interiorista proyectó en él un diseño repleto de ébano y obras de arte. ¿Su gran clave? El movimiento moderno que prendió en la isla latinoamericana durante la segunda mitad del XX.

Rondaba el año 1957 cuando el malecón de la capital cubana vio nacer el Habana Riviera, un hotel que evocaba la costa azul francesa y que llegó a consagrase en el país como el más lujoso del momento. Hoy sigue en pie, pero no solo eso. El edificio resulta una joya viva del Estilo Internacional latinoamericano y su arquitectura es, como dice el diseñador Marcos Trueba, “el paradigma de La Habana a finales de los años 50”. A él siempre le ha impresionado la belleza innata del complejo. Y prueba de ello es que su majestuoso interiorismo, con esculturas y murales de artistas como Florencio Gelabert o Rolando López Dirube, ahora resuena en el nuevo proyecto que Trueba ha firmado en el corazón de la capital española.

Vista del pasillo con óleo de autor desconocido, en Kelly Deco. En portada, el salón con sillas Mod Ekstrem de Terje Ekstrom en L.A. Studio. Entre ellas, mesa auxiliar Haumea XS de Massio Castagna en Gunni & Trentino. Y, en la mesa de centro, jarrones Sestiere de Patricia Urquiola para Cassina y candelabros BMF de Stoff en Teleno Studio.

Sofá Camaleonda de Mario Bellini para B&B Italia, en L.A. Studio, y óleo Entre el río y el mar (2023) de Rachel Valdés. Mesas de mármol y bronce del estudio de Marcos Trueba con lámpara de Willy Rizzo, en IKB 191.

Mesa de comedor diseñada por el estudio de Marcos Trueba. Sillas 562 Dudet de Patricia Urquiola para Cassina, chandelier italiano y candelabros artesanales marroquíes en Kelly Deco, y esculturas florales de Metatopy.

Máxima distinción

Se trata de un piso en el barrio Salamanca de Madrid donde el diseñador, originario de la capital cubana, ha querido generar “una experiencia estética” a través del arte, la arquitectura y la esencia del modernismo habanero. Por lo que no sorprende que en el interior de la casa la protagonista sea la madera de ébano de Macassar, la cual aparece en la cocina, la entrada o en los dormitorios con esa elegancia y seriedad mid-century que lleva intrínseca. El material cobra además un carácter muralístico en el gran mueble prismático de la cocina, donde cubre del suelo al techo un bar privado al que pocos tienen acceso.

Sobre ese detalle habla Marcos Trueba. “Siempre comenzamos conociendo a los clientes, entendiendo cuál es su estilo de vida, sus hábitos y gustos”. Se explica: “El ébano del mueble-bar, por ejemplo, habla del cliente, de su pasión por fumar puros y de sus licores favoritos con aromas amaderados”. El asunto del hotel Habana Riviera surgió en una sobremesa que mantuvieron cliente y diseñador, de ahí que él imaginara la mesa-comedor que evoca la arquitectura de esa Cuba donde creció. Unas elegantes patas de bronce pulido en forma de voluptuosas costillas sujetan los más de 400 kilos de mármol sin aparente esfuerzo. Sobre ella, una lámpara de los años 60 que el interiorista encontró en un anticuario francés redondea el marco.

Sillón fabricado a mano en Líbano, mesa Soft Corners Side Table de Linde Freya Tangelder para Cassina y lámpara Serena de Patricia Urquiola para Flos, en Gunni & Trentino. Detrás, obra Blanco sobre negro (2022) de Maria Yelletisch en Alzueta Gallery.

La cocina, realizada por Doimo Cucine y Cocinas Moretti, con encimera en Dekton REM de Cosentino. Encima, jarrones Nuage de los Bouroullec con arreglos de Metatopy, Ceramic Contailer No. 2 de Alexander Girard y, al fondo, Rotary Tray verde de Jasper Morrison, todo de Vitra.

Vista del mueble-bar escondido tras la madera de ébano de Macassar. Pareja de lámparas Press Lamp de Lasvit, en Gunni & Trentino.

Dormitorio principal con butaca de cuero Back Wing de Patricia Urquiola para Cassina, lámpara A811 de Alvar Aalto para Artek, en Vitra, y acrílico sobre lienzo Prémices (2018) de Clément Mancini, de la colección personal de Javier Bone-Carboné.

El baño, también diseñado por Marcos Trueba, viene con encimera de mármol Belvedere de Cosentino y grifería de Rovira. Jarrón Mod. Pompitu II de Gaetano Pesce en IKB 191 con arreglo floral de Metatopy y jarrones De-Industrialized vases, de Clara Álvarez. Detrás, óleo sobre lienzo Un Otoño X (2023) de Michel Pérez Pollo.

Rescatando un pasado atemporal

Dejando La Habana atrás, el salón emerge como un espacio diáfano con nada menos que cinco balcones, y alberga iconos con personalidad como el sofá Camaleonda de Mario Bellini o las clásicas sillas Mod Ekstrem de Terje Ekstrom. De todas las piezas que Trueba ha seleccionado, claramente destaca la mesita de Linde Freya Tangelder en acero inoxidable cepillado con toques brutalistas. “El contraste que establece con el resto de la casa representa la relación de escalas que Linde propone entre la arquitectura y el mobiliario, trasladando formas de edificios y detalles constructivos a los muebles”, informa el diseñador.

A lo largo de la vivienda existe una dualidad y un diálogo entre lo nuevo y lo antiguo. En las paredes, por ejemplo, convive el arte contemporáneo con las molduras clásicas del barrio de Salamanca que el estudio ha recuperado. “Hace unos años no dudábamos en tirar un piso abajo sin más. ¿Por qué arrasar con todo cuando muchas veces es de una riqueza extraordinaria?”, se pregunta Marcos Trueba. Sin duda, la historia madrileña y la habanera siempre le estarán agradecidos por su trabajo aquí, un recital de estética, memoria arquitectónica y mucho color.

Nueva perspectiva del dormitorio. Bajo el acrílico Profundidad (2021) de Kmilo Morales, cojines de terciopelo Aristote de Élitis y plaid de Valentina Hoyos, en Rue Vintage 74. Izda., lámpara de mesa Alba de Oluce.

Retrato del interiorista Marcos Trueba.

Detalle de la mesilla con jarrones Explorer de Jaime Hayón para BD, en L.A. Studio.