Vídeo: Andrés Alcázar / Fotografía: Luis Beltrán
Interiorismo: Masquespacio

VÍDEO. Geometría a todo color: así es la alquería de Masquespacio en plena huerta valenciana

Con solo cuatro elementos -un cuadrado, una semiesfera, un triángulo y un círculo-, este dúo de diseñadores ha logrado reconvertir una casa tradicional del interior mediterráneo en su nuevo hogar, donde ahora la pareja vive y también trabaja.

Lo de Ana Milena Hernández y Christophe Penasse con su nueva casa a las afueras de Valencia fue amor a primera vista. “Entramos por la puerta y, en cuanto vimos el patio central, nos miramos el uno al otro y lo supimos inmediatamente”, cuenta la pareja de Masquespacio. “Es esta”. Ellos se enamoraron de su arquitectura nada más pisarla, pero verla ahora después de su transformación es una experiencia aún más cautivadora. Pocas veces se siente por dentro la adrenalina de hallar algo nuevo, algo distinto al resto, como en esta ocasión. Al igual que un niño ve por primera vez la foto de un interior Space Age y entiende que es posible un mundo así de estimulante, la vivienda y estudio de estos prolíficos diseñadores abre una nueva ventana en nuestras mentes.

Zona de estar con suelo de microcemento, cortinas de Kvadrat y muebles por Masquespacio. Repartidos por la estancia, jarrones Cono del estudio y en la pared, obra en 3D de Mas Creations. Sobre el taburete, vela de Loewe.

Ana Milena Hernández y Christophe Penasse, fundadores y responsables de Masquespacio.

En el salón-comedor, biombo y butacas de Masquespacio para su colección Mas Creations, y jarrón Cono como mesilla.

Nuevo al estilo de siempre

Para encontrar el tesoro del dúo Masquespacio hay que acercarse a la huerta de Valencia, rodeada de cultivos, saliendo unos minutos de la ciudad. Ahora bien, la recompensa no contiene monedas de oro, sino otras de colores, y con formas triangulares, cuadradas, circulares y semiesféricas. La casa es una antigua alquería de campo de principios del siglo XX, llena de detalles auténticos como los suelos hidráulicos o las escayolas que la pareja ha recuperado respetuosamente.

También se ha preservado el patio central, igual que muchísimos otros detalles que ahora se conjugan con algunas de las creaciones de la pareja que guardan con más cariño, pero sin epatar a la arquitectura original. “Fue una promesa que les hicimos a las antiguas dueñas”, recuerdan. Ana concluye, sonriente: “Lo más bonito es que, aunque la casa la hayamos hecho muy propia, la intervención mantiene la alquería en su esencia, añadiendo nuestro universo de color”.