Fotografía: Rosario Kuri
NeuronaLab

NeuronaLab da una nueva vida a una casa modernista de 1911 en Barcelona abrazando su pasado y con piezas recuperadas

Muebles con historia, elementos recuperados y acertadas dosis de color escriben el nuevo capítulo de esta casa modernista con un pasado glorioso en la sierra de Collserola, Barcelona. La arquitecta Ana García, de NeuronaLab y la propietaria hicieron equipo y llevaron a cabo una intervención respetuosa con muchos guiños al pasado.  

Cuando una casa tiene historia, se nota. Y esta casa modernista ubicada en el barrio barcelonés de Vallvidrera tiene para una tarde entera en uno de sus porches. Empezando por el final, su último capítulo lo ha escrito la arquitecta Ana García, fundadora del estudio catalán NeuronaLab, quien le ha inyectado una buena dosis de presente con una intervención respetuosa y acertada. “La casa había sufrido varias reformas durante diferentes épocas constructivas, pero mantenía la mayoría de sus materiales originales intactos. Decidimos conservar, por ejemplo, el parqué de cerezo que, aunque no era el original, pertenecía a una de las reformas de la década de los años noventa pero era de buena calidad y estaba en buen estado”, apunta. 

Es una casa de 3 plantas, de las cuales se han reformado las dos superiores: la planta baja y la primera. La planta semisótano se ha dejado para una siguiente fase.

Una colaboración con historia

Pero volvamos al principio para ponernos en situación. En 1911, el fabricante de muebles y decorador de la época Joan Busquets hizo construir una casa para cada uno de sus hijos en este pueblo que actualmente se ha convertido en un barrio periférico de Barcelona en la montaña de Collserola. Esta zona privilegiada era el lugar elegido por la clase acomodada de la época para pasar los veranos en contacto con la naturaleza. Tras adquirir barrios terrenos, el gusto de Busquets por la arquitectura modernista dio lugar a lo que hoy se conoce como Colonia Busquets. Una colonia que, en otro giro de los acontecimientos, en plena Guerra Civil, serviría como refugio improvisado y acogería a niños evacuados de la ciudad.  

La actual propietaria, una ejecutiva madre de dos hijos jóvenes y de tres gatos, también enamorada del modernismo, el Art Deco y de la cultura en general, llevaba algún tiempo viviendo en ella pero aún no había dado el paso de reformarla. “Desde que nos conocimos, hace años, me habló de su casa modernista que algún día quería reformar con ayuda”, explica la arquitecta. En esta nueva etapa vital asociada a una cierta mirada interior y de recogimiento, explicado por la propia clienta, la casa tenía que convertirse en su particular refugio de paz. 

La lámpara de la isla de cocina fue salvada de una devolución de una compra hecha por un interiorista madrileño y los taburetes noventeros se rescataron de una empresa de publicidad.

Arquitecta y propietaria encontraron muchos puntos en común y, como si de una aplicación de citas se tratase, hicieron match en un punto muy importante: la pasión por la economía circular y la sostenibilidad. Así, el proyecto de restauración se concentró en recuperar los elementos modernistas auténticos de la casa: maderas nobles, suelos originales, vidrieras decorativas, y otros materiales que narran historias del pasado. Cada elemento fue cuidadosamente restaurado o replicado, siempre manteniendo un diálogo entre el pasado y el presente. Todo en esta casa es una historia de segundas oportunidades, minimizando costes y evitando un consumismo innecesario. 

Durante la renovación de esta casa de tres plantas, de las cuales se han reformado solo la planta baja y la primera, el gusto y el estilo de vida de la propietaria fueron la guía. “Sabía muy bien lo que quería e intentamos transmitir su personalidad en todo momento. Por ejemplo, tenía muy claro que se tenía que incorporar un mural artesano de Xavi Riera. Una pieza única en una casa que reivindica el arte. Qué mejor manera que solucionar una enorme pared blanca que con un mural a partir de una creatividad única que rinde homenaje a los pavimentos de Barcelona y al paso del tiempo”, señala García.

Se restauró todo lo que se pudo: puertas, ventanas, vidrieras, suelos de madera de una reforma de los 90 y, por supuesto, el pavimento hidráulico original.

Un mural artesano de Xavi Riera domina el salón y rinde homenaje a los pavimentos de Barcelona y al paso del tiempo.

Las sillas modernistas del comedor fueron rescatados de un trastero en la Zona Franca y, al fondo, el póster de Licors Sant Jordi de 1931 estaba olvidado en un almacén del Empordà. 

ECLECTICISMO HISTÓRICO

Ana y su equipo enfrentaron el desafío de combinar estilos de diferentes épocas: desde el Modernismo hasta el Art Decó, pasando por influencias del diseño Mid Century y toques contemporáneos. Este enfoque ecléctico fue clave para honrar la historia arquitectónica de la vivienda, pero también sirvió como reflejo de la personalidad polifacética de su dueña, que adora organizar eventos y abrir su espacio vital a amigos y familiares.

Los materiales nuevos, como azulejos de gres en tonalidades variadas, papel pintado en dormitorios y maderas seleccionadas para el mobiliario, se integraron con sutileza. La renovación incluyó la modernización de la cocina, que ahora dialoga con el salón comedor, la actualización de los baños y se modificó ligeramente la distribución en la planta superior. “​​Se redujo el número de dormitorios totales de la casa, de cuatro se pasó a tres. Pero en general se mantuvo bastante la configuración de la casa original”, apunta la arquitecta. La iluminación fue otro aspecto clave, optando por luminarias que ofrecen luz indirecta sin apenas puntos de luz en el techo, creando una atmósfera cálida y acogedora, ideal para las veladas en casa.

El verde utilizado en puertas, ventanas, pomos y manetas es una réplica de la época que también sirve como guiño al pasado.

El papel pintado ha sido otro de los aliados con los que ha contado NeuronaLab para conectar pasado y presente. La mesa de madera baja pertenecía a la consulta de un dentista en La Bonanova.

Pero si hay algo que realmente divirtió al equipo en este proceso de renovación, tenemos que destacar la selección de piezas que encontramos a lo largo de toda la casa. La clienta, Ana y su equipo buscaron dar una segunda vida a objetos y materiales, descubriendo tesoros en mercadillos y plataformas de segunda mano. Desde un póster vintage hasta muebles con historias únicas, cada pieza aporta un carácter especial a la casa. “Lo más especial del proyecto ha sido el trabajo en equipo entre arquitecta, interioristas y la propietaria para conseguir la recuperación del esplendor original”, señala. 

Y, como en todas las historias que nos gustan, esta también tuvo un final feliz. Así nos explican desde NeuronaLab: “Nosotras realizamos el proyecto y la dirección de obra y la clienta supervisó y coordinó diariamente a los industriales. El proyecto acabó una semana antes del plazo previsto. No hubo desviaciones presupuestarias ni de calendario, ni tampoco incidencias graves ni retrasos. El mantra en todo momento fue: hay que disfrutar del proceso de obra”. Y nosotros, que sabemos que el semisótano se ha dejado para una siguiente fase, lo tenemos claro: habrá más capítulos por escribir (ojalá tan bonitos como este).

La cocina se ha conectado con el salón comedor para lograr un espacio más funcional y contemporáneo.

Las vidrieras que pueblan toda la casa, incluidos los baños, se han mantenido y recuperado.