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Fotografía: Manolo Yllera / Estilismo: Amaya de Toledo
Arquitectura: Jaime Romano / Interiorismo: Roberta Jurado

La nueva casa de Vicente Ganesha en Ibiza es un pequeño ático con las mejores reliquias ‘vintage’

Alejándose de las grandes viviendas en la isla a las que acostumbran Jaime Romano y Roberta Jurado, el arquitecto y la interiorista han restaurado un piso histórico y muy acogedor para este famoso icono de la isla.

Si hay alguien que sabe de primera mano cómo era la isla balear hace casi medio siglo, antes de que llegaran los turistas, ese es el alicantino que en su día, muy de joven, trazó un camino parecido al de sus ancestros. “Yo soy de la Vega Baja, de donde partieron los fenicios para llegar a Ibiza”. Vicente Ganesha lo comenta porque, en realidad, él hace décadas desembarcó en el casco histórico y, al poco después, montó una pequeña tienda de antigüedades y ropa de segunda mano que ha supuesto otro tipo de conquista. Ya no solo por la clientela –la cantante Dua Lipa ha sido de las últimas en visitar su local–, sino porque en 2023 su negocio, simplemente, sigue abierto. Ha resistido, del mismo modo en que lo ha hecho Ganesha, negándose a aceptar que a la isla ya no le queda nada interesante por ofrecer. Su prueba es el piso que encontró mientras paseaba por la ciudadela: “Iba un día fijándome en las fachadas de Dalt Vila, alcé la mirada y vi que estaba en venta”.

Vista de la mesa del comedor. En portada, la gran sala común de la casa compuesta por salón, comedor y dormitorio donde se observa, a modo de caja envolvente, el revestimiento de madera ideado por Romano y Jurado que ahora circula de manera funcional por toda la vivienda, unificándola visualmente.

Comedor con banco a medida, mesa años 50 de Eero Saarinen para Knoll, lámpara sueca vintage y taburete de Charlotte Perriand, todo de Vicente Ganesha, igual que la cerámica años 60 alemana, al fondo.

Retrato de Vicente Ganesha junto a algunas de las antigüedades del XX que ha ido coleccionando en su tienda-museo de Ibiza.

Lo justo y necesario

El apartamento del que habla, en un edificio de 1890 y con vistas a la muralla, pertenecía a una familia aristocrática a la que se le había quedado vacío el ático. Él lo vio como una oportunidad, igual que el arquitecto Jaime Romano y su pareja la interiorista Roberta Jurado, a quienes conocía, y les pidió que resolvieran la reforma “sin grandes lujos”, subraya, “pero con mucho confort”. Lo que el alicantino necesitaba era un espacio personal para una vida casi monástica, la cual le iba como anillo al dedo al tamaño reducido del piso. Se mejoró la cubierta, también el aislamiento térmico, y en vez de trastocar la distribución original se ingenió una solución que evitaba las divisiones visuales.

La comparten los autores: “Diseñamos una enorme pieza de madera, insertada en la pared, que recorre el interiorismo entero y contiene todo aquello que necesita cada habitación”. Tanto el escritorio, los armarios y el catre –la palabra que el dueño utiliza para designar la cama– hasta los bancos corridos del pequeño comedor o las puertas que sirven de transición. Otra de las intenciones tenía que ver con el espíritu del edificio, había ganas de recuperarlo y darle brillo. Romano y Jurado conservaron las baldosas hidráulicas, a la vez que las dañadas se replicaron en la fábrica de Huguet en Mallorca. “Eso sí, cambiamos el diseño de los suelos porque Ganesha quería un damero”, recuerdan, explicando que el color de los hidráulicos les sirvió para intuir los tonos auténticos del piso que más tarde, en pequeñas dosis, imitarían fielmente.

Casi todas las piezas son parte de la colección de Vicente Ganesha como, a la izda., las telas finlandesas de la cama. Dcha., lámpara Atollo de Magistretti para Oluce y silla Tulip de Saarinen para Knoll.

Sobre la alfombra vintage, sillones coquille franceses, estantería metálica adquirida por el dueño en Barcelona y jarrón de cristal veneciano.

Para el suelo de la cocina se recuperó parte del original. Aplique de cerámica japonés, arte de dioses hindúes de los años 80, taburete vintage y, al frente, jarrón de cristal veneciano.

Otra vista de la zona común, desde la que se accede a la cocina de esta vivienda en Ibiza.

“Entre las premisas que les di a Jaime y Roberta estaba la del baño”, dice Vicente Ganesha. “Quería que fuera amplio y que contara con un espacio dentro de la ducha para descansar”. Tanto el lavabo como los azulejos son de Huguet Mallorca.

Grandes vestigios del pasado

En la cocina había, por ejemplo, un marrón que ahora se puede ver en las vigas restauradas. Otras gamas de colores nacieron de los hallazgos de muebles europeos en el almacén del propietario. “Tiene una tienda-museo impresionante. Yo me iba con él y nos pasábamos tardes enteras rebuscando”, dice la interiorista Roberta Jurado, que realizó el interiorismo de la vivienda junto a Rosa Rey, project manager de su estudio Box3 Interiores. Hoy, adentro figura desde arte italiano de los 80 y cerámicas japonesas de principios del XX a un taburete de Charlotte Perriand o una tela sueca que recubre el sofá de la terraza, de las zonas favoritas de Vicente Ganesha. “También me encanta cuando entro al piso y veo que hay un altillo para invitados hecho a conciencia”, cuenta.

A él se accede mediante unas escaleritas escondidas en uno de los armarios de madera, contiguos a un dormitorio para que duerma quien cuide al alicantino en un futuro, que es en lo que piensa a menudo. “En espíritu nunca me consideraré mayor, pero es cierto que físicamente uno se va deteriorando”. Para combatirlo hace deporte: mientras responde a esta entrevista todavía no son ni las diez de la mañana y ya ha vuelto en bicicleta de darse un baño en Es Soto. La playa estaba vacía, según él: “Todavía hay una Ibiza que a nadie le interesa, la de la naturaleza gratis y el bienestar de verdad. Esa es la Ibiza en la que vivo yo”.

Pasillo con la escalera que se abre y cierra. “De primeras, lo que me encantó del piso fue su techo de vigas, aunque estaba bastante deshecho. También me gustó que solo hubiese seis vecinos en todo el edificio”, informa Vicente Ganesha.

V-Chair 8800 y mesa de Verner Panton para Fritz Hansen.

Desde la terraza se observa parte del casco histórico de Ibiza en el que ha vivido Vicente Ganesha durante las últimas décadas.

Para recibir a amigos y conocidos, en el piso del alicantino se habilitó un altillo de la mano de ilustraciones de Jean Cocteau. Sobre la cama, manta sueca vintage.

Todo el mobiliario de la terraza es vintage italiano excepto la tela de los años 60 que recubre el sofá, que proviene de Suecia.