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Fotografía: José Manuel Ferrão
Arquitectura e interiorismo: Oitoemponto

Con ecos a la Bauhaus y la vanguardia italiana, Oitoemponto diseña esta casa de vacaciones al norte de Portugal

El dúo está detrás de una descomunal vivienda, ubicada a orillas de la ría de Aveiro y el Atlántico, que por si fuera poco también bebe del lujo que imperó en Estados Unidos durante buena parte del siglo XX. Analizamos el resultado al detalle.

En algún punto entre James Bond, la vanguardia italiana del arquitecto Piero Portaluppi y el Hollywood de mediados de los años 40 se encuentran Jacques Bec y Artur Miranda, fundadores del despacho Oitoemponto con sede en Oporto y Lisboa. Ahora bien, si algo tienen estos dos veteranos del interiorismo es personalidad, porque su trabajo se revela inconfundible. Su sello resulta tan característico que, tras 30 años en el oficio, han logrado llegar al punto en el que pueden trabajar solo para gente que ama lo que ambos hacen. Fue así como acabaron siendo los responsables de dar vida a esta casa de verano en el pueblo costero de Aveiro, al norte de Portugal.

Chaise longue del estudio y lámparas de M Poulain Steeve. En portada, salón con sofá Sengu de Patricia Urquiola para Cassina, fotografía At The Horizon: The Rocky Mountains, Montana de Wim Wenders y butacas de Gio Ponti. Mesa de centro diseñada por Oitoemponto.

“Por fuera queríamos que la casa pasara lo más desapercibida posible”, explican en Oitoemponto. “También seleccionamos los mínimos materiales para, después, añadir ventanas hacia el mar y la laguna”.

Comedor con lámpara Knotty Bubbles Chain de Lindsay Adelman y mesa de roble Elliptical de Gubi. Sillas CH46 y CH47 de Hans J. Wegner para Carl Hansen & Søn y, al fondo, obra de la artista Catarina Dias.

“Ya habíamos diseñado una casa para ellos”, recuerdan. “Y, aunque esta vez la apariencia y los materiales son distintos, la sofisticación sigue siendo la misma”. La vivienda de la que el dúo ahora habla está construida sobre una fina duna que se alza entre una laguna y el océano Atlántico. Por fuera, el objetivo de Oitoemponto era que la vivienda pasase desapercibida lo máximo posible, pero empezar hablando del exterior de la casa sería faltar a la filosofía del estudio. “Nuestra arquitectura va desde dentro hacia afuera”, explica la pareja. “Una ventana puede ser bonita por fuera pero, si no ves nada a través de ella mientras estás en tu sofá, pierde el sentido. Nosotros elegimos la posición de las ventanas según cómo se va a vivir desde dentro”.

Vista de la parcela emplazada en un entorno natural único.

Junto a la escultural escalera y la chimenea de Focus, el salón con sofá bajo de Oitoemponto, cuadro de Keith Haring de 1987, mesa de centro Massolo de Piero Gilardi para Gufram y lámpara de los 60.

Una vez más en el salón, taburete Platner Ottoman de Warren Platner para Knoll.

Una de las terrazas exteriores de esta vivienda portuguesa.

Alfombra de pelo de cabra y, junto a la lámpara, vaso Novitas de Timo Sarpaneva para Littala. Cojines en algodón y lino de Larsen.

Ricas referencias aquí y allá

En este caso en concreto, la casa de Aveiro solo tiene ventanas a dos lados del edificio, y precisamente mirando hacia las grandes joyas entre las que ésta se ubica: el Atlántico y el río. Las dos fachadas restantes son ciegas, y esa fue una arriesgada decisión por la que los diseñadores tuvieron que pelear lo suyo. “Los clientes no estaban nada convencidos, pero queríamos mantener la privacidad respecto a los vecinos. El truco fue colocar la gran fotografía del desierto de Arizona del alemán Wim Wenders en una de las paredes”, cuentan desde el estudio. “La sensación de apertura que transmite les convenció”.

Para la cocina, el dúo de Oitoemponto escogió muebles de madera de nogal americano y laca blanca. Lámpara de techo midcentury italiana, en vidrio opalino blanco, y taburetes de bar Campanino en cerezo, de Fratelli Levaggi.

De nuevo, vista de la cocina.

Los pasillos, también forrados de madera maciza igual que la cocina, disponen de una alfombra ideada por Oitoemponto junto a un aplique modernista.

Dentro de la casa, el espacio que mejor les define es el salón. Aquí están presentes los tres elementos principales del proyecto: el mármol Travertino, el ladrillo y la madera. De hecho, si se retiraran todos los muebles, el volumen podría recordar al famoso pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe y Lilly Reich. Aquí se pueden encontrar elementos tan singulares y dispares como un sofá hundido de lo más setentero, una pieza de bronce de mediados del siglo XIX para colocar leña y un cuadro de Keith Haring dedicado y firmado por él. Una miscelánea de elementos que casan a la perfección como lo harían “en una película de James Bond, Barbarella o en 2001: Una odisea del espacio”, señalan los interioristas.

Para Jacques y Artur, como diseñadores, es difícil elegir su rincón favorito en toda la casa, pero si se tienen que quedar con uno, ambos recurrirían a la elegante chaise longue de obra que aparece justo en medio de la zona común. Sobre ella, la luz entra directamente desde el cielo atravesando todo el edificio y, tras su refinada silueta, un pequeño jardín interior vaticina la frondosa flora que algún día, con la paciencia que caracteriza a la naturaleza, presidirá este espacio ideado hasta el milímetro por el savoir faire de Oitoemponto.

Uno de los dormitorios con silla Chair Moulin F0927 de Pierre Paulin para Artifort y, a la dcha., aplique Arandela Pear de George Nelson para Herman Miller.

Baño con paredes de mármol Travertino.

Lámpara de techo Ring Crown de Louis Poulsen, mesilla de Wakefield y lámpara de mesa Alta de Kelly Wearstler para Visual Comfort.

Entre las grandes joyas de la vivienda a cargo de Oitoemponto destaca esta amplia y generosa terraza, acompañada por la silla Mahija en ratán.