Una gran joya histórica de Granada, llena de techos neomudéjares y cajas fuertes, se convierte en el hotel Palacio Gran Vía

Fotografía: Manolo Yllera
Arquitectura: Carlos Quintanilla / Interiorismo: Donaire

Con vistas a la Alhambra, esta antigua sede de un banco hoy ha abierto sus puertas en la ciudad andaluza en forma de hotel boutique. El Palacio Gran Vía, a Royal Hideaway Hotel, dará mucho que hablar por las reliquias que contempla en su interior.

Entre suelos hidráulicos alfombrados y elementos arquitectónicos de principios del XX, las 38 habitaciones del Palacio Gran Vía en Granada ofrecen un verdadero viaje al pasado. Aunque, eso sí, sin que en él falten las comodidades de un cinco estrellas y, además, con la peculiaridad de que este complejo recién inaugurado se ubica en uno de los edificios de arquitectura modernista más representativos de la ciudad andaluza, que en su día albergó la sede de un antiguo banco. De ello dan fe las cinco grandes cajas fuertes que se han conservado y que se mantienen como parte de la decoración del hotel, así como las originales ventanillas de atención al público que en 2023 dan paso al espectacular patio de luces donde ahora figura un restaurante.

Las ventanillas de los cajeros del banco se pueden percibir en toda su dimensión, al ser el elemento divisorio entre el pasillo del patio principal y la sala en la que se ha ubicado una zona de biblioteca. En portada, fachada del Palacio Gran Vía, a Royal Hideaway Hotel, la última apertura del grupo Barceló en Granada.

Junto a las espectaculares escaleras bajo el artesonado de madera original, en el Palacio Gran Vía se ha ubicado una de las cinco cajas fuertes que se conservan en el hotel. Todas ellas son de manufactura inglesa y tienen diferentes tamaños y diseños.

A lo largo del patio de luces se ha instalado el restaurante.

Adentro de este complejo se puede comer y cenar junto a una fuente de mármol con un bajorrelieve y un frontón de latón con escenas de pesca y comercio.

No es un emblema cualquiera

La curiosidad se alimenta en paralelo en la zona del hammam, la cual preserva las bóvedas del sótano, y continúa expandiéndose al recorrer los pasillos en las plantas superiores. Es allí donde el espectacular diseño de las baldosas hidráulicas llena de color y luz los espacios dando acceso a las diferentes habitaciones, cada una con el nombre de una flor de los jardines de la Alhambra. Tras recorrer el edificio al completo, la conclusión es clara: aquí debe haberse ejecutado un arduo trabajo de restauración. Y así es literalmente, porque tres años han hecho falta para acometer las obras de reforma y rehabilitación lideradas por el arquitecto granadino Carlos Quintanilla. Él mismo lo explica: “El hotel se asienta sobre un edificio con más de un siglo de antigüedad. Su valor histórico y artístico es realmente alto”.

Lo es hasta el punto de que viene reconocido en el catálogo de protección de edificios del Plan General de Ordenación Urbana de Granada, así como en el Plan Especial de Protección del casco histórico de la ciudad. “El Palacio Gran Vía se encuentra en el elenco de los mejores edificios eclécticos y modernistas de la Granada de principios de siglo”, apunta Quintanilla. Y es que, en 1905, lo diseñó y construyó el arquitecto catalán Juan Montserrat Vergués, y permaneció durante casi un siglo en manos de la familia Rodríguez Acosta que conservó cuidadosamente su diseño original, dedicando la planta baja a las actividades del banco y las superiores como residencia.

El hotel se ubica en la primera Gran Vía que se inauguró en España, una espaciosa avenida de Granada en la que todavía se conservan un total de 9 edificios construidos por Juan Montserrat Vergués, autor del edificio original del Palacio Gran Vía.

El sello personal de Vergués, marcado por una gran influencia francesa, toques clásicos y castellanos y guiños de arquitectura andaluza, se ha preservado en la rehabilitación a cargo de Quintanilla. Y a la vista queda en esta habitación.

Otra de las habitaciones del edificio con vistas a la Gran Vía de Granada.

La Suite Narciso, en el corredor con vistas al patio, es un símbolo del respeto por el estilo regionalista enlazado con raíces mudéjares y andaluzas. Tiene 60 metros cuadrados y se compone de dos habitaciones comunicadas entre sí y un balcón con espectaculares vidrieras.

Otra perspectiva de la Suite Narciso.

La opulenta arquitectura de principios del XX se integra ahora al diseño del hotel.

Originales que siguen brillando

De su época como banco, las cajas fuertes que permanecen presentes en el Palacio Gran Vía son probablemente el elemento que más curiosidad despierta. “Desde el principio se consideró que se debían encajar en el interiorismo, dado que eran elementos que formaban parte activa de lo que había sido la historia del edificio. Este hecho ha supuesto complicaciones a la hora de reubicarlas, tanto por su tamaño como, muy especialmente, por su impresionante peso”, comenta el arquitecto. También indica que, para el proyecto en cuestión, se han recuperado toda una serie de lámparas modernistas instaladas ahora en sus lugares originales que son puras esculturas de arte. Pero hay más reliquias a tener en cuenta.

“Las piezas más importantes dentro del conjunto interior, aunque sean elementos estáticos como la escalera principal y su bellísimo techo neomudéjar o su balaustrada en madera tallada, son componentes absolutamente destacables en el edificio”, menciona Quintanilla, señalando a la vez las puertas en madera –“rabiosamente modernas”, apunta- con deliciosos tiradores de bronce, la rejería del interior del patio de luces, la exterior de la fachada. O las barandillas de los balcones.

Un elegante salón, ubicado en la primera planta, conserva sus suelos originales de madera así como los tiradores auténticos de bronce.

Detalle de los hidráulicos del complejo.

Desde la terraza en lo más alto del Palacio Gran Vía, los huéspedes pueden conocer buena parte de la historia arquitectónica de la ciudad andaluza.

Interior de una de las suites.

De cara a dialogar con este pasado, para patios y pasillos en el Palacio Gran Vía se ha recurrido a materiales lujosos como la piedra de Sierra Elvira y el mármol de Macael –con él se hizo la fuente del patio de los Leones de la Alhambra-. La obra del hotel cuenta incluso con trabajos en escayola hechos por artesanos locales, aparte de barandillas y rejas que recrean el Modernismo que aplicó en su día el arquitecto catalán. Un estilo al que, junto a la extensa rehabilitación, se le suma un proyecto de interiorismo por Donaire Arquitectos en el que se han introducido elegantes elementos contemporáneos que añaden toques de color a través del mobiliario y los textiles. Todo un ejemplo de cómo crear un espacio muy de hoy dándole el máximo protagonismo a la historia. Y recuperando, mucho más que al 100%, su antiguo esplendor.

Perspectiva del salón señorial que preside la primera planta del Palacio Gran Vía, a Royal Hideaway Hotel.

La guinda del pastel de este complejo es el rooftop, donde se ubica un bar pensado para disfrutar de cócteles a la altura de las espectaculares vistas. Desde allí, la Alhambra, el Generalife y la catedral de Granada se convierten en parte de la experiencia.