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Fotografía: Montse Garriga
Arquitectura e interiorismo: Paola Revillas y Pep Gay

Paola Revillas y Pep Gay, arquitectos: “Nuestra casa en Ibiza parece que haya nacido de un Big Bang”

La pareja ha rehabilitado una vieja casa en la Ibiza más rural demostrando que la arquitectura de estilo payés no es solo una moda en la isla. Según ellos, es una forma humilde de construcción. Y también de vida.

Años y años estuvo esta pareja de arquitectos tratando de encontrar una casa que pudieran recuperar en la isla. Tanto o casi más tiempo del que pasaron ambos acudiendo a la finca con la que por fin dieron en la sierra de Benimussa, el pulmón verde de Ibiza. Era propiedad de una señora de unos 90 años que ya no podía vivir allí. “Más allá de lo arquitectónico, la vivienda transmitía magia de verdad, era absoluta pureza”, recuerdan Paola Revillas y Pep Gay. Los dos desconocen la de veces que visitaron la parcela, de más de 300 años de historia, para observarla por la mañana, tarde y noche y ver el sol durante las diferentes estaciones del año. “Dejamos que la casa nos hablara, y vaya que lo hizo. Tenía una lógica aplastante. Al final ella nos indicó cómo y de qué manera debíamos trabajarla”, recuerdan.

El salón dispone de tapiz de René Fumeron, sofá de piel con cojines de Calma Outdoor y lámpara de rafia de Bali. En portada, la fachada de esta vivienda revestida con cal hidráulica natural, igual que los interiores.

Sobre el tejado, Paola Revillas y Pep Gay, responsables de la arquitectura y el interiorismo de esta vivienda en Ibiza que han convertido en un proyecto de vida.

De nuevo en el salón, delante, mesa de puerta recuperada, arte de Bruno Ollé y chaise longue francesa.

Una de las salidas exteriores con cama antigua balinesa de teca pintada por los dueños. “Más allá de lo arquitectónico, la vivienda transmitía magia de verdad, era absoluta pureza”, recuerdan Paola Revillas y Pep Gay.

El jardín, poco a poco, será convertido en huerto bajo un programa del gobierno insular. Sillas de fibra y mesa zellige fabricadas en Marruecos.

Mucho más que vintage

La sensación final, o al menos la de quienes visitan ahora la obra terminada, es como si hubiese habido un Big Bang en la parcela. O sea, que un día explotó todo, saltando por los aires, y hoy cada elemento está volviendo a su sitio original. Especialmente debido al paisajismo, en un proceso constante de repoblación, y por el mobiliario, que a excepción de las nuevas piezas, el sofá y las luminarias, supone un absoluto popurrí de acuerdo a los arquitectos. Hay puertas que las reciclaron en formato mesa, una pequeña chimenea de la finca aparece dispuesta en la cocina, la artesa con la que históricamente amasaban el pan hace las veces de lavabo. El horno auténtico está restaurado, al igual que la escalera trípode utilizada antaño en los olivos del alrededor.

Tampoco faltan unas ánforas de más de 100 años que se utilizaban en la casa para recoger y beber agua cuando no había vasos ni grifos. “En la reforma hicimos lo mismo, nos guiamos por el entorno, por aquello que se tenía a mano aquí hace siglos”, apuntan Paola y Pep. “Todo es de piedra, cal, arena y madera de sabina local”. Con unos materiales así de sencillos, se trazó una distribución de 120 metros cuadrados reducida a lo esencial, rectangular y atravesada de manera transversal por un muro que a un lado, en el lateral sur, condensa la cocina, salón, despacho y dormitorio de invitados; y al otro, en el lado norte, dos dormitorios más con sus respectivos baños.

Al fondo, chill out a medida con tela de lino. “Muchos amigos se sientan y, al rato, deciden quedarse a dormir en él. Es lógico, porque te atrapa”, ríen Paola Revillas y Pep Gay.

Otra perspectiva del salón con la obra de Bruno Ollé, la chaise longue de mercadillo y ánforas originales de la casa que los arquitectos preservaron, a modo de reliquia, como los maceteros exteriores con plantas de la zona.

Una vez más en el salón, silla brasileña años 50, chill out y cojines de lino diseño de los dueños.

La cocina con aplique de aluminio art déco años 50 y mobiliario a medida de acero inoxidable. Es el único detalle con toque industrial que contempla la casa.

Otra perspectiva de la cocina, también ideada por Paola Revillas y Pep Gay.

Dormitorio con escritorio de tablón reciclado, lámpara Boomerang de Luis Pérez de la Oliva para Phase y sillones vintage.

Sinceridad rara vez vista

“Al estar conectadas todas las habitaciones, la casa parece más grande de lo que en realidad es”, señalan. Cada estancia contempla una salida al exterior, la luz la obtienen de placas solares y el agua, de un sistema de recogida de lluvias. Nada de esta tecnología, sin embargo, contradice la honestidad con la que se ha resuelto el proyecto, ni el brutalismo desde el que sus autores han revitalizado el concepto payés. Ellos mismos lo subrayan. “Sabemos que no es el típico casoplón con grandes pretensiones que puedes esperarte de Ibiza. Pero muchos de los que vienen, y no amigos sino arquitectos, nos dicen que esta es la casa más bonita que han visto en la isla”. Por algo será.

Uno de los dormitorios con grabado de Tàpies, baúl familiar y cesta para recoger arroz.

Durante el proyecto de paisajismo, aún en progreso, la pareja de arquitectos recuperó el antiguo aljibe de la parcela transformándolo en una piscina natural.

Uno de los baños con piezas vintage de los arquitectos y artesa original de la casa utilizada como lavabo.

Vista de la entrada con carpintería de iroko a medida y apliques de barro.

El otro baño viene con pared de muro payés rehabilitado, vigas de sabina, lavabo antiguo de barro esmaltado y aplique de Marset.

La parcela también cuenta con un porche de hierro y yute natural. Es diseño de Paola Revillas y Pep Gay, al igual que el sofá a medida que incluye este rincón tapizado en tela para exterior.