Fotografía: Ethan Herrington
Juan Carretero

Pied-à-terre en Manhattan: cómo Juan Carretero hizo suyo un pequeño refugio urbano de alquiler

La casa de Juan Carretero, un apartamento de 70 metros cuadrados en el West Village, es un ejemplo perfecto de cómo aprovechar al máximo los espacios e imprimir una huella propia en una vivienda alquilada.

Los fines de semana, el arquitecto e interiorista Juan Carretero, fundador de Capital C Interiors, se escapa a su casa en el campo, en Upstate New York. Por semana, conserva su faceta más urbana en el West Village de Manhattan, desde donde ha conseguido domesticar esa jungla a la que tantos se refieren.“Sé que la gente dice que Manhattan es muy estresante, pero el mío son unas cuantas manzanas muy bonitas en West Village, donde está el apartamento y mi oficina, y el tráfico no es asfixiante”, cuenta a MANERA. Por eso cuando, tras la pandemia, una ruptura le obligó a buscar un nuevo pied-à-terre en la ciudad, supo que tenía que ser en esa zona. Cuando creía que ya lo había visto todo, duchas en la cocina incluidas, apareció este refugio urbano. Lo que más le gustó es que las ventanas, por las que entra mucha luz, dan a un gran patio central. Una vista agradable y que evita los ruidos urbanos. “Lo único que oyes son pájaros”, apunta.

Vista del salón y el pasillo. En el centro, mesa Sou Chong de Roger Capron. Sobre ella, cuencos de cerámica de Olivia Cognet. Al fondo, sobre la estantería, cuadro Ochre Selfie de Geoff Chadsey.

 

En otra esquina del salón, librería Ventura Tall de Lawson Fenning. Sobre ella, lámpara de mesa con pantalla de rafia de Gordon Martz. 

La entrada a este apartamento de 70 metros cuadrados tiene algo inusual en Manhattan, y cada vez más en grandes ciudades: tiene un recibidor. Fue otra de las cosas que enamoró a Juan, que considera muy importante el que haya ese espacio para las ceremonias de saludo y despedida, para que la entrada en la intimidad del otro sea progresiva. 

En el comedor, mesa tulipán vintage Saarinen con superficie de mármol Arabescato y sillas Walnut de estilo mid-century. Costilla de Adán en una maceta de West Elm sobre una peana comprada a medida, para que la planta hiciese “efecto de palmera”. La obra que preside la pared es Pop Fuschia de Zoe Bios. Sobre la pared lateral, escultura en lienzo ondulado amarillo de Gary Jurista. 

Retrato de Juan Carretero junto al bar D-Scan “Captain”, una pieza vintage. Sobre el bar, obra de arte Blue Moon de Natalia y Alexander Gore y Eye, de Emilio Villalba.

El recibidor desemboca en la estancia principal de la casa, el salón-comedor, desde el que se accede, por una puerta a la cocina y, a través de otro pasillo, a la habitación y el baño. Esta estancia es un cuadrado casi perfecto y el comedor está en una de las esquinas, en un rincón marcado por una Costilla de Adán alzada sobre una peana. “Sin esta estructura, la planta habría quedado muy escondida. De esta forma, el follaje queda sobre ti cuando estás sentado a la mesa y hace función de palmera”, explica. La pared principal de la estancia está presidida por un cuadro de uno de sus artistas mexicanos favoritos, Abraham Cruzvillegas que, de casualidad, salió a la venta justo el fin de semana de su mudanza, en el stand de la Galería Kurimanzuto en la famosa feria de arte londinense Frieze.

En la habitación, cama Lid Bed de Blu Dot y lámpara de pared vintage modelo Teak Scissor para Lyfa (1960). Al fondo, oleo lienzo rosa de Whitaker y obra de Robert Szot, Calíope.

También en la habitación, armario brutalista de Lane y, sobre la butaca, polaroid impresa, Penis Portrait de Andy Warhol. 

La cocina es muy pequeña, apenas caben dos personas, pero no da sensación de claustrofobia gracias a un sistema de doble acceso, desde el salón y desde el pasillo. Es, además, un lugar en el que sentirse en casa para Juan, pues las baldosas de barro le recuerdan a los suelos de las haciendas de su México natal.

¿Cómo hacer tuyo un piso de alquiler?

A pesar de su tamaño y de ser alquilado, el arquitecto ha logrado imprimir su huella en esta casa, y nos da algunos consejos que pueden aplicarse a cualquier vivienda de estas características, es decir, la mayoría para el común de los mortales.

  • Jugar con el color en paredes y techos

La ventaja de la pintura es que siempre puedes pintar por encima. Para el grueso de las paredes, Juan eligió el que para él es el blanco más perfecto, el Simply White de Benjamin Moore. “Tiene una base que no es ni gris, ni fría, ni verde, ni azul. No pasa nunca al beige. Tiene esa calidez casi del marfil”, explica.

La pandemia dejó pequeños cambios en todos, y, para él, uno de ellos fue la necesidad de dar toques de color a los espacios en los que vive. Como en esta casa no hay suficientes paredes, decidió usar los techos. Pintó el del baño de un verde vivo y, el de la cocina, del mismo color que los mosaicos de la pared. “Son trucos, accesorios. A través del color cambias la fisionomía del lugar”. 

  • Muebles versátiles y que te acompañen durante una vida

¿Qué mejor, para sentir tuyo un lugar, que llenarlo de los objetos preciados que albergan tus recuerdos? “Yo compro los muebles por el mueble y no por donde van a ir”, explica. De esta forma, viajan con él de casa en casa, le acompañan en diferentes etapas de su vida. Sus dos predilectos son la mesa Roger Capron del salón –”le tengo mucho cariño y podría moverla y ponerla en cualquier sitio de la casa y quedaría bien”– y el mueble bar, un mueble que, además, es un ejemplo de versatilidad. “Busqué incesantemente un mueble que sirviera para guardar cosas y para hacer cócteles”, cuenta.

Así, mueble a mueble, con toques de color y aprovechando al máximo la luz, Juan Carretero ha configurado un refugio urbano con personalidad, la suya, que puede servirnos de inspiración en nuestra próxima mudanza.