Fotografía: Belén Imaz / Estilismo: Pete Bermejo
Interiorismo: Galán Sobrini

Los colores de Matisse tiñen este piso en Madrid, radical y poderoso, a cargo de Galán Sobrini

Una isla amarilla en la cocina y un techo tapizado con un papel geométrico azul. Así es el apartamento en la capital española que bien se asemeja a una distopía cromática solo apta para los más valientes.

Atrevida, cañera, divertida y sobre todo alegre. Son los adjetivos con los que una pareja a punto de casarse bombardeó a Cristina Chaves Galán y Adriana Arranz-Sobrini para animarlas a proyectar su vivienda de 250 metros en el centro de Madrid. Y es que estas dos arquitectas, fundadoras del estudio Galán Sobrini hace 15 años, fueron las encargadas de transformar una oficina con muy pocas virtudes estéticas en una locura de color. Lo explican las autoras. “Los dueños son jóvenes, viajan mucho, no tienen niños y nos pidieron que su refugio reflejase su personalidad. Buscaban un espacio vitamínico para empezar con energía su nueva etapa vital”.

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Vista del comedor con mesa de Studio Silva Design, sillas en Instinto Home y, en el techo, papel de Anna French. En portada, el salón con sofá por Galán Sobrini, así como la alfombra fabricada por Kilombo Rugs. Cojines con tela Harlequín de Pepe Peñalver, butacas de los 50 de Federico Munari, mesitas auxiliares de piedra, en Los Modernos. Y, sobre la chimenea, acuarela de Maru Quiñonero, en Alzueta Gallery.

Detalle del vestíbulo acompañado por un mural a medida de Coordonné y aplique de bambú.

Salón con sofá de lino de Studio Bañón con cojín de Alhambra, lámpara de mimbre mallorquina y, sobre la mesa de latón, en Judith San Quintín, jarrones de Gaetano Pesce, en L.A. Studio. En la pared, óleos de Fernando de Ana, en Gärna Art Gallery.

Cristina Chaves Galán y Adriana Arranz-Sobrini, del estudio Galán Sobrini, transformaron una oficina en este piso transgresor.

La transformación debía ser radical, así que una isla en la cocina rotundamente amarilla o una alfombra psicodélica que parece tragarse el salón no solo no fueron propuestas rechazadas sino casi requisitos inevitables del lavado de cara integral. “Pudimos experimentar con materiales y tonos poderosos y tuvimos libertad para romper el interiorismo con ideas a las que otros clientes no se hubieran atrevido. Derribamos paredes y cambiamos la distribución, reduciéndola a dos dormitorios (el principal, en suite con vestidor), un salón-comedor, cocina y entrada con armarios. Además, le dimos la vuelta a todos los acabados, puertas, suelos y molduras”, desgranan las arquitectas.

Vuelta a empezar

En un primer piso con techos muy bajos, a las fundadoras de Galán Sobrini no les quedó más remedio que reconstruirlo todo en seis meses “muy acelerados de estrés productivo”, añaden. Normalmente su modus operandi es más calmado y estudiado, pero con una fecha tan ajustada improvisaron soluciones a veces sobre la marcha, in situ. “Eso nos dio flexibilidad y nos permitió ser más creativas”, constatan las autoras. Muchos muebles los diseñaron ellas y otros los compraron en Rue Vintage 74 o L.A. Studio. Para los mármoles de baños y cocina, así como para el espectacular suelo bicolor de la entrada, se trasladaron a una cantera en busca, de nuevo, de vetas diferentes que les aportasen el punto de color que buscaban.

La entrada de la vivienda, junto a la cocina, con suelo bicolor diseñado por Galán Sobrini y silla de Charles Rennie Mackintosh, en Espacio Gorgona.

La cocina, con la isla amarilla espectacular, fue diseñada por Galán Sobrini junto a Vonna.

La entrada hacia el salón con parqué en espiga.

Así es el vestidor rosa y blanco hecho por la carpintería Agor con lámpara Filigrana de Established & Sons.

“El vestidor lo pintamos de rosa palo y lo abrimos al enorme dormitorio en suite uniendo dos habitaciones”, explican. La locura se prolonga en los papeles pintados, una de las claves del interiorismo. “La dueña no los quería convencionales sino rompedores, así que recurrimos a los de Thibaut y a unas cortinas también muy potentes de Pierre Frey en el salón”, describen las arquitectas. En el comedor no quisieron recargar el suelo, pero a cambio en el estudio tapizaron el techo con un papel geométrico de Anna French que es casi un guiño óptico al pasado.

La armonía figura en el gran contraste

Ahora, cada habitación es impactante a su manera y los elementos de ruptura se equilibran con piezas más calmadas o igualmente transgresoras. Como el sofá naranja curvo que dibujaron las socias de Galán Sobrini. “Necesitábamos un reclamo visual fuerte en ese espacio, y diseñamos también la alfombra del salón junto a Kilombo Rugs. La chimenea a medida es de un material que se asimila al bronce”, remarcan. Diferente es por otra parte la palabra que mejor describe la cocina, con puertas a dos colores. “Ningún detalle es casual, todo está muy pensado y a la vez tiene un punto de improvisación”. El resultado es una explosión de color e imaginación, un estrés estético matissiano que sin embargo funciona a la perfección.

Dormitorio con papel de Thibaut, cabecero de Galán Sobrini, mesillas elefante de ratán, en Alcuzcuz Gallery, con lámparas en L.A. Studio. Los cojines son de Alhambra y el plaid, de Pepe Peñalver.

Vista del papel de Thibaut en el aseo de este piso madrileño.

Baño con lavabo de un mármol escogido en una cantera, espejos de ratán, en Boca Concept, jarrón de Murano, en Judith San Quintín, y apliques de Nanometro Estudio.