Fotografía: David Frutos
Interiorismo: Número 26

Claves marineras, materiales vistos y mucho barro: Número 26 firma esta casa costera en La Vila Joiosa

Para los dueños de la vivienda ya no hará falta subirse a lo alto de una montaña o acudir a una cala rocosa cuando quieran divisar el Mediterráneo. Las vistas a la gran joya de su pueblo natal rodean ahora su nuevo hogar, a lo largo de 100 metros cuadrados que parecen sacados de un barco en alta mar.

Hay gente a la que la pandemia sí le hizo replantearse la rutina de verdad. Para algunos, como la familia que contactó al estudio murciano Número 26, incluso les sirvió para echar el cierre a una etapa vital y, en este caso, volver al lugar que les había visto crecer en la costa alicantina. Concretamente en La Vila Joiosa, un pintoresco pueblo de casitas teñidas de colores pastel y en cuyo centro la pareja había heredado una antigua casa, que además no se ubicaba en un enclave cualquiera. “Es un edificio de los años 70 con una fachada que se articula en torno a falsas escuadras”, avanzan Miriam Hernández y José Ángel Rodríguez, fundadores del despacho. “Su estructura es súper interesante, porque de ella sobresale toda una serie de volúmenes con ventanas”.

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Vista del comedor y el salón (al fondo) a través de uno de los ojos de buey. En portada, la estancia común de este proyecto con mobiliario de Sancal. Las lámparas de techo son de Número 26, la que hay junto al sofá es de Issey Miyake para Artemide y la botella sobre la mesa de centro, de Ana Abellan Ceramics y Del Amor y la Belleza.

Comedor con muebles de Sancal. Sobre la mesa, jarrón de cerámica de la firma Rahma, y jarra y vaso de porcelana de Del Amor y la Belleza.

Otra vista del salón-comedor con la cocina al fondo.

La virtud del apartamento es que, por otro lado, se posiciona casi en lo más alto de su edificio, sumado al hecho de que La Vila Joiosa se distribuye con cierta pendiente, por lo que vistas al mar hay de sobra adentro del piso. De hecho, ese fue el detalle con el que Número 26 desarrolló el concepto del proyecto, planteado como si el interior de 100 m2 adoptara el conjunto de un camarote. De ahí las ventanas de ojo de buey protagonistas en muchos puntos de la distribución, simulando las vistas desde un barco o la visión que se obtiene del horizonte marino al observarlo desde unos prismáticos. Una vez esta filosofía estuvo clara y aprobada, eso sí, hubo que derribar tabiques al completo.

Empezando de cero

“Del pasillo no pudimos deshacernos porque la planta no nos lo permitía”, apuntan los interioristas, “pero sí hay cierta transgresión en la retícula. Se ve en la cocina, que aquí se ha planteado como el centro y corazón de la vivienda”. Ahora, esta estancia abierta es la que se revela justo al acceder a la casa, la que conecta con el salón-comedor de forma diáfana y la que, a través de una pronunciada diagonal, da paso a las estancias de noche. Pero la proeza del trabajo radica en los encuentros entre materiales, que aparte quedan vistos tal y como ocurre de nuevo en la cocina donde conviven la madera de pino, el cristal, los lacados y el elemento estrella, una cerámica que se repite en muchísimos rincones y en algunos bastante inusuales.

Así es la diagonal que marca la cocina, dividiendo a nivel de usos y materiales varias partes de la vivienda. Los azulejos y las baldosas de barro son de Cerámica Ferrés, como en el resto de este proyecto de Número 26. Las luces linestras que aparecen a la derecha pertenecen a la cocina.

Perspectiva de la cocina con platos de Del Amor y la Belleza y vasos de Kinto.

El pasillo conduce desde la entrada a la zona de estar, acompañado por las luminarias a cargo de Número 26.

Otro de los ojos de buey, en clave marinera, que presiden esta vivienda en la costa alicantina.

Lo cuentan en Número 26: “El cabecero del dormitorio de matrimonio, por ejemplo, lo hicimos justo con azulejos vitrificados de esa cerámica”. Para los autores está es una de sus partes favoritas de la casa, especialmente teniendo en cuenta que en la habitación se incluyó un cuarto-vestidor revestido al completo de espejos que reflejan la vista del mar y logran, en palabras de ambos, un efecto pecera bastante especial. Una sensación parecida a la que se obtiene en el resto de estancias, “que aunque sean muy convencionales, al entrar en ellas uno pierde ese sentido gracias al juego de puertas ocultas”. Las de todo el piso son correderas y permiten unir y separar espacios. La vivienda puede abrirse y cerrarse al gusto, adaptándose a las necesidades de esta gran familia.

Flexibilidad al poder

“El proyecto sabrá responder cuando los niños pequeños necesiten tener su espacio en un momento dado, o podrá crear una parcela privada en el caso de que sus padres tengan que trabajar”, añaden en el despacho murciano, el cual también ha sido el encargado de proponer a los clientes parte del mobiliario de Sancal que hoy se distribuye por el piso. Lo hace junto a piezas artesanales, otros mini accesorios de Vitra, lámparas de Flos y Artemide y las luminarias que Número 26 ingenió ad hoc. ¿Lo próximo suyo? Verá la luz en 2024 y será, atención al dato, un conjunto de tiendas modulares que reinterpretan la dinámica de la venta ambulante, llevada claro a una visión muy ajustada a los tiempos que corren.

Desde la cocina se puede observar el dormitorio principal.

El cabecero de la cama y los costados de los armarios están revestidos con azulejos vitrificados de Ferrés. La mesita de noche es de Sancal, igual que el cojín, mientras que la luminaria es de Número 26.

Otra vista del dormitorio principal con taburete de Sancal y escritorio hecho a medida por el estudio murciano.

Así es el vestidor del dormitorio principal, revestido de espejos, que conduce también a uno de los baños con pavimentos de Ferrés.