A modo de gabinete de curiosidades, este piso en Bogotá de los años 50 renace entre reliquias de todo el mundo

Fotografía: Mónica Barreneche / El Buen Ojo
Interiorismo: Dessvan / Arquitectura: Hernán Martínez

Joe Colombo, Gae Aulenti, Serge Roche y Pierre Cardin se dan cita en un apartamento de la capital colombiana al que no le falta joya alguna, desde biombos japoneses y tapetes orientales a esculturas con forma de rinoceronte traídas de Bali. Todo un sueño hecho para la vida real.

Jamás se hubiera imaginado el arquitecto Raffaele Castelli que, en 2024, el piso en Bogotá que diseñó a mediados del XX volvería a nacer. Pero de haberse enterado entonces, el italiano estaría más que tranquilo, contento incluso porque la remodelación la ha llevado a cabo el estudio Dessvan en colaboración con el arquitecto colombiano Hernán Martínez. Lo que juntos han hecho aquí, en realidad, es una puesta al día de los 115 metros cuadrados con los que cuenta la vivienda, una metamorfosis de su clásica distribución para ajustarse ya no a las amplias familias de antes, sino a dos jóvenes con una predilección por el mobiliario y el arte que bien demuestra su larga y exótica colección. De ahí que el interiorismo de esta casa sea hoy digno de compararse con un gabinete de curiosidades.

La silla Elda de Joe Colombo convive con, al fondo, lámpara italiana de Arredoluce y escultura de rinoceronte vintage de Bali sobre cajonero en guayacán de Colombia. La lámpara de pared es de Angelo Brotto. En portada, mesa de comedor de Romeo Rega, lámpara alemana y escultura Batibusto de Álvaro Barrios.

Sátiro tallado en madera veneciana del XIX junto a la sillita de alas de Pedro Ruiz y la obra Chulo Senando de Elberto Pinto, sobre la mesa. Lámpara de Rougier y, en la pared, dibujo de Liliana Durán.

La silla Papa Bear de Hans J. Wegner preside esta casa de Colombia con mesa auxiliar hecha en  bronce y láminas de cacho de Domesstico. Atrás, escultura de ángel en madera de la época colonial sobre columna de acrílico.

Vista del salón de este piso en Bogotá. Biombo japonés de la primera mitad del XX. La lámpara de techo es de cristal de Murano y, en la pared, reloj francés en pan de oro, terciopelo y porcelana.

El equipo de Dessvan reutilizó la buhardilla como habitación de huéspedes. Bargueño Emma de Dicken Castro y, en la pared, óleo de Oscar Arcila y obras de Omar Rayo y de Victor Vasarely.

Un gran cambio estructural

Sobre la reforma hablan en Dessvan. “Uno de los grandes desafíos fue eliminar dos muros de una habitación para expandir el área social y que así funcionara como un nuevo espacio de comedor”, comentan los diseñadores. “El tema se solucionó con dos vigas de amarre que logramos ocultar en la parte superior del techo”. Otros de los retos, cuentan, vino en medio del proceso de rehabilitación, justo cuando descubrieron un espacio con dos metros de altura que se encontraba oculto en la parte superior de la cocina. “Lo habilitamos como guardilla y cuarto de huéspedes”, recuerdan.

Los cambios en cuanto a distribución no terminan aquí. “Eliminamos el cuarto y baño de servicio para crear una cocina amplia, que ahora tiene una magnífica luz y ventilación. Además”, añaden los autores, “el cuarto de ropas pasó a ser el baño social y la habitación principal se convirtió en el estudio de los propietarios”. Para el resto, lo que se tuvo claro es que había que conservar los elementos más representativos del diseño original de este piso en Bogotá. Como los suelos, puertas y las molduras de yeso que vestían los techos, y que no solo le otorgan carácter a la vivienda. En realidad, acompañan y acentúan la infinidad de muebles y objetos de varias partes del mundo que atesoran los dueños.

Acompañado por un espejo veneciano y lámparas de Serge Roche, sofá curvo años 70 junto a la lámpara Pipistrello de Gae Aulenti, en la mesa Tulip de Eero Saarinen. Cómoda de William Piedrahita, lámpara de mesa de Pierre Cardin. Y, sobre la piel de cebra, mesa de Vladimir Kagan.  

Vista del despacho-biblioteca que figura en este piso en Bogotá, rediseñado al completo por Dessvan.

Sorpresas déco infinitas

Aquí adentro, de hecho, no faltan en cada rincón los grandes referentes del diseño Made in Italy, como Joe Colombo o Gae Aulenti, pasando incluso por figuras más desconocidas a la altura de Romeo Rega. Suya es la mesa presidencial del comedor, la cual comienza un viaje transoceánico con lámparas de techo alemanas, mientras que en el salón un biombo de Japón datado de la primera mitad del XX entra en conversación con un reloj de pared francés bañado en pan de oro.

Abundan también luminarias estadounidenses, una caja fuerte auténtica de los años 40. Esculturas de pingüino en cristal de Murano, figuras de rinocerontes balineses. O la pieza que se lleva la palma en el interior de este piso en Bogotá. Consiste en un rostro esculpido por el colombiano Julio Abril que, colocado sobre una columna de acrílico de los años 70, da la bienvenida a la zona más íntima y personal del apartamento. Ni más ni menos que la del dormitorio de los propios dueños, acompañada por una escultura del francés Christopher Fratin que tanto triunfó en el Salón de París durante buena parte del XIX.

La biblioteca dispone de una lámpara de techo estadounidense y caja fuerte de los 40. Todo sobre un tapete oriental hecho en lana con la técnica punto de cruz.

Lámpara de pie S3 de Paolo Tilche. Butaca de los 60 y mesa auxiliar en falso malaquita. Sobre ella, escultura de pingüino en cristal de Murano.

En primer plano, escultura Bachue atribuida a Julio Abril sobre columna años 70 en acrílico. Frente a la mesa de noche, bronce de Christopher Fratin sobre mesa de Enrique Garcés.