En la terraza ajardinada del restaurante Río se han conservado al máximo los detalles de la vivienda clásica que ocupa en Bogotá.

¿Una clásica vivienda con aires modernistas y abierta 100% al público? Se trata del restaurante Río en Bogotá

Fotografía: Mónica Barreneche / El Buen Ojo
Arquitectura: Fernando Villamarín / Interiorismo: Colectivo Río (María Alejandra Iregui, Patricia Medina y Juan Ruy Castaño)

A lo largo de una fachada discreta en el tradicional barrio Chapinero de la capital colombiana se camufla este local recién inaugurado, cuyos interiores fusionan vanguardia, arte contemporáneo y una cocina muy colaborativa.

Entre los nombres chilenos que experimentaron la apropiación del movimiento modernos de los años 40 en Latinoamérica figuraba, por ejemplo, el arquitecto Miguel Silva Chereau (1919 – 2005). Radicado en Bogotá, él fue quien diseñó la casa racionalista en la que 69 años más tarde, de martes a domingo, un movimiento de platos, fogones, cerámicas de La Chamba, óleos y acrílicos, esculturas en barro y mucha vegetación, hoy marchan al unísono en el restaurante Río.

Perspectiva de los interiores del restaurante Río en Bogotá. En portada, su terraza ajardinada en la que se han conservado al máximo los detalles de la vivienda clásica que ocupa.

Viéndolo de cerca, y experimentando sus interiores, lo cierto es que el edificio del local parece haber salido de una película del mid-century californiano. Conserva incluso esa esencia tradicional de la arquitectura que se desvanece en las zonas clásicas bogotanas. En su estructura de una sola planta triunfa el ladrillo largo y blanco, las ventanas enrejadas horizontales y los grandes patios. “Caminando por el barrio pasé por delante y me detuve. Supe que esta sería la casa de mi restaurante”. Lo cuenta María Alejandra Iregui, una artista colombiana que por cuestiones del destino se convirtió en empresaria y cofundadora de Río, el protagonista de esta historia.

La fluidez entre el interior y los espacios al aire libre se hace patente en muchos de los rincones de este local gastronómico.

A medio camino entre el futurismo y el movimiento moderno se encuentra la propuesta de diseño del restaurante Río.

A tres tiempos

Tanto su diseño como la comida que aquí se crea se disfrutan por tiempos.  En el primero abundan los platos crudos y los materiales fríos. Ceviches de pescado, cangrejo y carantanta, tartar de tomate y tiradito de maracuyá, por nombrar algunos, se sirven a la par en superficies de concreto, mármol, vidrio, acero, piedras de río y ladrillo que sobresalen en espacios como la barra larga que da la bienvenida al restaurante Río. “La casa estaba lista para recibirnos”, narra Iregui. “No queríamos que perdiera su esencia por lo que la reforma se limitó a abrir un poco los espacios, continuar con la mampostería existente, cambiar los accesos y vestir la vivienda de colores y materiales más contemporáneos”.

La cocina, abierta ante los comensales, permite que el diálogo y la cercanía se hagan realidad en su máxima expresión.

Otra perspectiva de los interiores del restaurante Río.

La vegetación del jardín parece adentrarse en muchos rincones de este local, confiriéndole además una gran iluminación natural.

En el segundo tiempo, el de la parrilla, el carbón y el fuego, lo que el comensal vive son los experimentos culinarios a cargo de las cuatro cabezas detrás de la cocina colectiva, los chefs Brayan Rua, David Arango, Daniel Muñoz y Santiago Abaunza, de la cual María Alejandra se enorgullece. “En Río somos una familia sin jerarquías. La cocina del restaurante está abierta y el equipo, expuesto”. Esta calidez se traspasa al espacio en donde maderas, luz cálida indirecta y nichos orgánicos inspirados en escenas futuristas y vernáculas de Star Wars lo recogen a uno tanto en el salón principal como en los corredores que guían a la cocina.

Para completar el interiorismo, en el restaurante Río abundan las obras de arte a cargo del galerista Steven Guberek.

La recta geometría del espacio entra en conversación con las formas orgánicas de los ventanales.

A través de las cristaleras del local se pueden observar espacios como, por ejemplo, la bodega al fondo.

Mescolanza total

Finalmente en el tercer tiempo se sirven, en calma, los postres elaborados con el mismo detalle que los entrantes y la parrilla. Cuajadas de guayaba y merengue de Baudilla maridan a la perfección con el gran patio abierto y trasversal a la casa que ofrece una vista del jardín tropical. A esto, y como digestivo, hay que sumarle el despliegue de arte contemporáneo, curado por el galerista Steven Guberek, que recorre la vivienda del restaurante Río al completo. Piezas de Christian Abusaid, Juan Uribe, Héctor Madera, Camila Barreto y Javier Morales Casas entran y salen de paredes y nichos con el mismo movimiento con el que meceros, bartenders y cocineros fluyen al ritmo de un lugar que calienta (y agita) la capital colombiana.   

El hall de acceso a los aseos recibe a los comensales con un gran mural de piedra.

Detalle de uno de los pasillos del restaurante Río con su propuesta artística en las paredes.