Fotografía: Belén Imaz
Interiorismo: Ricardo de la Torre

Lo último de Ricardo de la Torre es un piso en tonos azules, mármol a raudales y mucha obra de arte

La capital española da la bienvenida a esta casa que el interiorista ha rehabilitado desde la máxima sofisticación. Lo curioso es que, al tratarse de un lujo silencioso, las obras de arte y los materiales sinuosos no hacen de la propiedad un museo intocable. Aquí se puede vivir en el día a día y con total practicidad.

Ni Franz Kafka dio tanto de sí en su metamorfosis como esta vivienda en el corazón de Madrid. La delicada mano del diseñador de interiores Ricardo de la Torre bebe de una época clásica para implementar lo mejor de ella, en este caso, con la dosis precisa de elegancia. Justo la que ahora se puede ver y sentir a lo largo de 205 metros cuadrados, dejando atrás y olvidando la antigua estructura de la casa al completo. “Todos los paramentos verticales existentes se tiraron abajo y redistribuimos cada espacio”, cuenta De la Torre, asegurando que el objetivo principal del proyecto consistía en empezar de cero para crear un lienzo en blanco. Y a poder ser, con una zona social diurna, amplia y luminosa, como la que los dueños tanto anhelaban.

Vista del comedor desde el salón. En portada, un ejemplo del azul insignia del proyecto salpicando el salón con sofás y butacas en distintas tonalidades.  

Mesa de centro de mármol Emperador con base de metal, sofás del diseñador y, en la pared, díptico-sudoku de la artista Emilia Azcárate.

El recibidor da la bienvenida con otro díptico a modo de sudoku de la artista Emilia Azcárate, junto a un monetiere antiguo de nogal tallado, en Antigüedades Casa Piú, sobre base de metal en blanco diseño de Ricardo de la Torre.

Vista del comedor con la obra Tulips de Loic Raguénès. Silla de piel, mesa de cristal fumé con base de metal a cargo del interiorista y lámpara Chandelier Meshmatics de Moooi.

El asunto del lienzo tiene su por qué: lo que se pretendía era destacar las obras de arte recopiladas por los propietarios durante sus viajes. “Ese lienzo lo creamos en un blanco roto para poder exponer, así, una parte de la colección de los clientes”, explica el diseñador. Además, la distribución de la vivienda tras su reforma integral también refleja esta visión. Ahora dispone de un hall monumental de entrada, un salón principal que se conecta a una sala de estar con librería, un comedor con puertas correderas que llevan a la cocina, un pasillo que conduce a las habitaciones y una cuidadosa selección de elementos que dan vida a cada espacio. La fluidez aquí es imperante, del mismo modo en que lo sería en el interiorismo de una galería de arte.

Exquisitez tras exquisitez

Otro de los detalles que comparte Ricardo de la Torre es que la inspiración detrás de la reforma se encuentra en un cuadro muy específico. Se trata de la obra Tulips del francés Loic Raguénès adquirida en una exposición en Nueva York, que en paralelo se convierte en el punto focal de esta vivienda a la que, por cierto, no le falta ni un solo matiz. Porque cada una de sus habitaciones viene con una cuidadosa selección de mobiliario, con fibras recicladas, diseñado por el mismo Ricardo de la Torre. Junto a toda una sucesión de joyas históricas a la altura de la que contempla el hall, donde un monetiere italiano datado del XVIII se aposenta sobre una consola moderna de metal.

Entrada a la sala de estar. A la izq., acrílico Tiempo lejano de Paul Klose, en Antigüedades Casa Piú. Y, a la dcha., chimenea de mármol a cargo de Ricardo de la Torre.

Sala de estar con puertas correderas de listones de madera en su librería, la cual alberga una pequeña escultura de Rafael Amorós.

El pasillo se acompaña de panelado de madera lacada y molduras en color blanco roto.

Mucha madera y tonos blancos resuelven la cocina que se une a las otras zonas comunes mediante una puerta corredera.

Cocina de Gunni & Trentino y, al fondo, seis litografías de José Guerrero en Galería Antonio Machón.

Sobre el estilo de la casa, el autor lo define como atemporal, debido en gran medida a que las tonalidades azules, otra de las premisas de los propietarios, se convierten en las protagonistas. Con diferentes intensidades y aplicadas eso sí en su justo equilibrio, son precisamente las que tiñen la obra de Loic Raguénès, láminas varias y a su vez los sofás, butacas, alfombras, varios accesorios repartidos a lo largo de todo el diseño e incluso uno de los baños. También eran importantes los suelos, que hoy trazan dibujos únicos realizados en mármol de diferentes tonos en el hall, el salón, los baños o la cocina.

La lujosa piedra no falla tampoco en la encimera, la chimenea y en la totalidad de las duchas, creando una cohesión visual en toda la vivienda. Se buscaba, por si fuera poco, que las texturas añadieran profundidad y calidez a cada estancia. Pero la gran clave de esta rehabilitación es que, pese a las intervenciones estructurales que se han dado, Ricardo de la Torre ha conseguido mantener intacta la esencia original del apartamento, su autenticidad, y a través de un equilibrio entre lo antiguo y lo más contemporáneo. Un gran acierto cuando se trata, ahora más que nunca, de dar vida a residencias personalizadas que puedan crecer y evolucionar de la mano de quienes las habitan. 

Dormitorio principal con cabecero y mesa de noche, ambos diseño de Ricardo de la Torre.

Retrato del interiorista.

Para el dormitorio de invitados también se ha ingeniado ad hoc cada una de las piezas.

El baño principal de la casa cuenta con suelo de mármol a rayas, siguiendo un patrón que también corre a cargo del diseñador. En la pared, obra Meleagro de Paul Klose, en Antigüedades Casa Piú.

Zona de noche con obras de Maíllo en galería Ponce+Robles. Sofá chaise-longue modular y mesas de café, obra de Ricardo de la Torre.

El aseo de cortesía, con ducha oculta, se articula con panelados de madera lacada y molduras en color azul celeste.