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‘PIONEROS DEL INTERIOR’, una serie de MANERA sobre los maestros de la decoración española

A mediados del XX no existían interioristas y el oficio del decorador tampoco gozaba de la mejor presencia, pero estos maestros lograron convertirse (cada uno, a su estilo) en los primeros profesionales y pioneros del interior en nuestro país.

Los aposentadores eran, en la antigüedad, los responsables de que en festejos y celebraciones nada quedara al azar y todo saliera bien. Existían en toda corte o casa noble que se preciara desde los tiempos de los egipcios. Se encargaban de poner en orden los aposentos de reyes y nobles para que no les faltara ningún capricho o necesidad. Su misión era presentar las novedades y proveer de los útiles adecuados para el aseo, el reposo, el hedonismo o el alimento de sus señores.

Más tarde fueron los encargados de que estas estancias, además, fueran cómodas, bellas y estéticamente perfectas, y por último se responsabilizaron de los montajes de las grandes fiestas en palacios y jardines, en bodas, aniversarios, saturnales, ritos adorando al sol o grandes bailes, todo era válido para ostentar sin recato el lujo y el poder en forma de sofisticados interiores y exteriores que dejaran con la boca abierta a cualquier visitante o invitado. Ese fue el propósito de los palacios egipcios, de las termas romanas, de los salones de Medina Azahara o de la Sala de los Espejos en Versalles.

Sin ir más lejos, el Salón de Embajadores de la Alhambra, donde se encontraba el trono, estaba decorado para que los diplomáticos refirieran asombrados a su vuelta en sus respectivas cortes el poderío de los reyes granadinos.

Los aposentadores, personajes cotizadísimos, provocaban las más afiladas envidias en reyes y señores. François Vatel, cocinero y aposentador del Príncipe de Condé, capaz de que hasta el sol palideciera ante una mesa espectacular, era frecuentemente tentado con bolsas de oro, tierras y títulos por otros miembros de la realeza que querían medrar en la escala social. Y a Velázquez, sí, nuestro gran pintor, nombrado aposentador real por Felipe IV, montó los pabellones, el banquete y el espacio para la entrega de la Infanta María Teresa al Rey Sol en la Isla de los Faisanes del río Bidasoa.

Aposentadores a su manera son y fueron esa lista de maestros de la decoración que forman parte de la serie Pioneros del Interior. Todos trabajaron a mediados del siglo XX cuando en nuestro país no existían interioristas ni diseñadores. Ellos se hacían llamar decoradores, provenientes por lo general de familias de clase acomodada, bien relacionados, cultos, curiosos, conocedores del arte y las artes decorativas, amigos de los marchantes del mundo y buenos asesores que no necesitaban poner una estridente firma propia en las casas que hacían. “Pasar sin que se note que has pasado”, decía Duarte Pinto Coelho, uno de los elegidos para abrir esta serie.

Porque en España y en los años 40 era casi una vergüenza utilizar los servicios de un decorador. Sí en cambio los de un buen amigo que sabía mucho y que aconsejaba bien. Eso es lo que hicieron, aparte de Pinto Coelho, los primeros profesionales del interior en España, nombres como Mario Connío, Jaime Parladé o Fernando Benjumea, a los que posteriormente se unieron Paco Muñoz, Begoña Zunzunegui, Rosa Bernal o Pascua Ortega.

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Casa en Madrid de Duarte Pinto Coelho. Foto: Manolo Yllera.

Jaime Parladé, decorador, en una de sus señoriales estancias. Foto: Ricardo Labougle.

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Dormitorio firmado por Parladé. Foto: Ricardo Labougle.

En ese ambiente comenzaron a trabajar, cuando en las casas se encontraban fantásticas obras de arte, maravillosos muebles, increíbles colecciones, pero puestos sin gracia y casi con desgana, ya que apenas se recibía. Las buenas casas de la ciudad eran frías y las de campo no estaban hechas para vivir, puesto que a nadie se le pasaba por la cabeza utilizarlas más que para celebrar una cacería o despachar rápidamente con administradores o aparceros.

Aun así surgieron dos generaciones de seres sensibles, que habían viajado, que habían visto lo que pasaba en otros lugares, que tenían cosas que contar y que aportar, con don de gentes (o no) y sentido del humor (o tampoco) y a los que se los empezaron a rifar los jóvenes miembros de la sociedad española. Luego vinieron las empresas y sus identidades corporativas y las grandes corporaciones y espacios públicos o privados.

Y esta es la historia de esos decoradores que hemos logrado rescatar del olvido, para que puedan volver a contarnos cómo estaban las cosas y cómo las vieron ellos. Para inspirar a los nuevos interioristas, recordar lo bueno que se hizo y encontrar referentes en la rica historia de nuestra decoración.

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Retrato de Pin Morales y Román Arango, los dos protagonistas que también aparecen en la imagen de portada.

Uno de los interiores de la decoradora Rosa Bernal en Santander.

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En el rincón de esta pequeña cocina ya se puede observar el gusto exquisito de Estrella Salietti. Foto: Montse Garriga.

Para Darro, la editora que Paco Muñoz fundó con Fernando Alonso, el diseñador ingenió muchísimos muebles que luego aplicaría a sus proyectos de interiorismo. Foto: Gonzalo Machado.

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Estancia de paredes-espejo y aires futuristas ideada por Pin Morales y Román Arango.