Fotografía: Belén Imaz / Estilismo: Pete Bermejo
Interiorismo: Sorgi Studio

Tras la reforma de Sorgi Studio, el minimalismo impregna esta casa de los años 50 en Madrid

La responsable de este despacho buscó crear una estética limpia, funcional y elegante en un apartamento que ahora viene presidido por mucho arte nacional, artesanía venezolana y una selección infinita de libros. Descubrimos la reforma en primera persona.

La vivienda madrileña a la que se enfrentó la interiorista se había alzado en un edificio de 1954, una época en que las casas españolas se estructuraban para familias muy distintas a la de este caso. La pareja en cuestión tan solo tenía una niña pequeña y el apartamento, en total, 140 metros cuadrados. “A los dueños, además, les apasionaba la lectura y pasar grandes momentos en la cocina”, dice Carolina Sorgi, fundadora de Sorgi Studio, quien estructuró esta última estancia junto a la biblioteca. “Ahora es una zona amplia que se ha convertido en el epicentro del piso”. También cuenta la autora que se buscó destacar la luminosidad y lo funcional a partir de un diseño de líneas definidas con un claro protagonismo, las obras de arte.

El salón, con alfombra de Zigler y butacas de Cassina, viene acompañado por un chinchorro de Aguasay hecho a mano. En portada, lámpara Tolomeo de Artemide, sofá Bambola de B&B Italia, florero verde de Judith San Quintín, mesa de centro de Isamu Noguchi y auxiliar blanca de Knoll.

Comedor con mesa de Poliform, vasija de InCasa, sillas Hola de Cassina y, en la pared, obra de Josá Antonio Dávila.

Al fondo, la obra de José Luís Fajardo que Sorgi Studio instaló en la gran zona común del salón-comedor.

Otra vista del comedor que preside esta casa madrileña. Tras el pilar, lienzo de Jesús Rafael Soto en pequeño formato.

Otro de los datos que no se pueden pasar por alto es que, antes de la actual rehabilitación, el apartamento no se había reformado jamás antes. Por lo que todavía conservaba, claro, la distribución clásica de la época con una compartimentación extrema que desde Sorgi Studio la modificaron al completo, atendiendo a los hábitos y necesidades de la familia. Para los dueños era muy fundamental disponer de un área social amplia, así como de dos habitaciones con baño privado y un estudio para trabajar desde casa. Pero no solo eso: la casa a fin de cuentas debía respirar, y ahí la gama cromática jugó un papel determinante.

Escultura de Rafal Barrios en el comedor.

Para la entrada, Sorgi Studio ideó una librería de roble macizo conectada visualmente a la cocina gracias a las puertas correderas de cristal y hierro.

Simplicidad visual

En el despacho lo explican. “La familia deseaba que predominara el color blanco en cualquier rincón, desde en la cocina hasta en la carpintería, paredes y techos. Respecto al suelo y otros elementos como el que configura la biblioteca, buscaban utilizar madera clara, especialmente un roble natural en espiga, para potenciar la luminosidad en el espacio y a lo largo de toda la vivienda”. Y lo mismo en cuanto a la selección de mobiliario. Preferían colores neutros y atemporales que se sumaran a piezas insignia como un chinchorro de Curagua de Aguasay, una especie de hamaca elaborada desde la artesanía venezolana, además de un sofá Chester que la pareja quería incluir por su valor sentimental. Para establecer el estilo y la paleta de colores del proyecto, el arte made in Spain desempeñó otro papel clave.

La cocina se realizó con Silestone y suelos de terrazo.

Otra perspectiva de la cocina, la cual se erige como otra de las protagonistas de esta vivienda reformada por Sorgi Studio.

El sofá Chester, de gran valor personal, es la pieza clave en la zona de trabajo.

Vista del pasillo con el color blanco como protagonista cromático.

Así es el dormitorio de matrimonio, marcado por los contrapuntes de color en los textiles y el mobiliario.

Todas las obras pertenecían a la familia, tanto la de José Antonio Dávila como las de José Luís Fajardo, Jesús Rafael Soto, Rafael Barrios o Hernández Guerra. Ahora aparecen meticulosamente instaladas a lo largo de la vivienda, otorgándole un carácter que también viene reforzado por el papel vinílico que se añadió en el aseo en varias tonalidades azules. O el terrazo de la cocina en colores cálidos, dispuesto para configurar una estancia que, cuando se quiera, puede actuar de espacio de reunión privado gracias a una gran puerta corredera de madera que lo separa del salón. Con este dato concluyen en Sorgi Studio: “La cocina también dispone en la parte del pasillo de unos paneles de hierro y cristal que confieren una gran conexión visual, mayor entrada de luz y una sensación de unidad con el resto de la casa”.

Vista del dormitorio dedicado a la pequeña de la casa.

A la hora de resolver el aseo de cortesía, en Sorgi Studio apostaron por un vinilo de The Wallpaper Store.