Tristán Domecq ha vuelto a reinventar lo clásico en un lujoso apartamento de Madrid

Fotografía: Manolo Yllera
Interiorismo: Tristán Domecq

Al contrario de lo que proclamó Adolf Loos hace un siglo, aquí el adorno no es delito. Cornisas, boiseries, rosetones de yeso y otras molduras acompañan este piso de la capital española. El blanco roto uniforme aporta relieve y forma en un interior digno de admirar durante horas.

Devolverle su esplendor original a una vivienda es una de las labores más apreciadas para un interiorista. Pocos profesionales pueden presumir de haberlo conseguido, ya que es una tarea que implica mucho compromiso y respeto por el entorno. Todos esos valores los aplicó Tristán Domecq al reformar este piso ubicado en un edificio Art Decó de principios del siglo XX, ubicado en la calle Sagasta de Madrid. “Las sucesivas reformas que sufrió lo habían cambiado y deslucido mucho. Mi objetivo era regresarle el brillo que tuvo en su momento, mezclando elementos clásicos y contemporáneos tanto en la decoración como en el mobiliario”, explica él.

Hall con escultura de Cristino Mallo sobre peana de Travertino, cuadro de Gabi Serrats y banco italiano, en Tristán Domecq Casa. En portada, el salón con butacas Toe de 101 Copenhagen, y Hilton de lino azul con reposapiés, de nuevo en Tristán Domecq Casa.

Otra vista del salón. Lámpara cerámica años 60 de Tristán Domecq Casa.

El comedor cuenta con mesa de madera teñida en negro y alfombra de yute de The Rug Company en BSB Alfombras. Sillas diseño de Maison Regain años 60 y centro de mesa de cerámica blanca de 101 Copenhagen, ambos en Tristán Domecq Casa.

Pintura de Eduardo Lalanne, sofá años 50 retapizado, mesa de mármol y lámpara de pie, todo en Tristán Domecq Casa. Izda., taburete de madera de Heaps & Woods y alfombra de lana marroquí.

Nueva vista del comedor con, al fondo, espejo antiguo de roble de un anticuario francés.

Trasfondo voluminoso

El resultado de esta reforma integral, que duró poco más de seis meses, fue una casa cómoda, llena de una refinada selección de arte, objetos de anticuario de diferentes partes del mundo, piezas diseñadas exclusivamente para el piso y mobiliario de Tristán Domecq Casa. El uso de texturas es una de las características que más se repiten en cada espacio: se aprecia en la gran cantidad de molduras y boiseries en paredes, techos, columnas, puertas y ventanas. “Queríamos darles protagonismo a las formas y al relieve. Por esa razón utilizamos el mismo color en todas estas superficies. La idea era tener una vivienda con mucho ornamento, como originalmente era, pero monocromática”. Por su parte, los puntos de color se los dan las maderas, la decoración y los muebles.

En el salón, por ejemplo, el sofá cuenta con un ribete de color oscuro o las lámparas tienen un estilo étnico con toques naranjas y marrones. “Este espacio lo ideamos con un punto divertido y desenfadado, ideal para compartir con amigos y familia. Nada está colocado al azar: el sofá retapizado de tres plazas por un lado, un sillón con reposapiés perfecto para tumbarse por el otro y dos butacas individuales distribuidas de manera irregular”, señala Tristán Domecq. El comedor también fue concebido con mucha personalidad y no solo como un lugar de paso para ir a comer. En él hay una mesa de madera teñida en negro y unas sillas de madera y cuero vintage de los 60, detalles de los que habla el autor.

Las molduras clásicas también invaden la cocina y hasta el mueble de roble teñido, diseño de Tristán Domecq Estudio, que sirve de isla. Encimeras y frente de mármol rojo, olla de cobre y mural de platos antiguos de porcelana.

Vista del dormitorio principal con manta de piel de coyote, pintura de Miguel Golding, banco italiano vintage y alfombra de lana cruda de Kaymanta.

Interior del baño principal. Pedestal de lavabo en mármol Travertino rojo iraní. Sobre la pared, obra en relieve blanca de Tristán Domecq Casa y toallas de Matarranz con diseño de Jorge Parra.

Así es el escritorio del que dispone el dormitorio.

Vista del tocador en el baño principal.

Como si cobrara vida propia

“Esto le da un punto más moderno a todo, teniendo en cuenta que los propietarios son una pareja joven”, añade él. Al lado, se encuentra la cocina con una gran isla central. En esta área se puede ver la misma estética refinada y molduras similares a las que hay en el resto de la casa. “No queríamos esconderla ni quitarle protagonismo, sino darle la misma importancia que tiene el salón o el comedor”, apunta. Los tres dormitorios o “la zona de noche”, tal y como la describe Tristán Domecq, están equipados con telas, cojines y alfombras acogedoras. El principal cuenta con un vestidor y dos lavabos, uno dentro del aseo y otro afuera a modo de antesala del baño. ¿El objetivo del proyecto? Su autor lo subraya como conclusión: “Mi propósito era crear un hogar agradable, que se sintiera vivido y lleno de piezas con historia y carácter”.

Tristán Domecq, uno de los interioristas más prestigiosos en España, junto a un caparazón de tortuga albina sobre peana de travertino.

Detalle del salón proyectado por el interiorista.