Un nuevo ‘look’ para celebrar un siglo de historia: el hotel La Mamounia renace lujosamente en Marrakech

Fotografía: Manolo Yllera

El mítico palacio de la ciudad marroquí acaba de cumplir 100 años y, por primera vez en su enigmática trayectoria, toma la palabra. Aquí él mismo nos habla de su historia y presente recorriendo sus jardines y ricos interiores, recién actualizados por el dúo de diseñadores Patrick Jouin y Sanjit Manku.

Dátiles, naranjos, jazmín, rosas. Soy La Mamounia, un mundo de aromas, de belleza intemporal, de ilusiones de Oriente. Me llaman la Gran Dama y he cumplido cien años. Mi historia en Marruecos comenzó con un jardín, como muchas de las historias antiguas, y también con un sultán: Sidi Mohammed Ben Abdallah. Vivió en el siglo XVII y tuvo cuatro hijos. A cada uno de ellos les regaló una casa con jardín con motivo de su boda. El mío perteneció al príncipe Mamoun, el origen de mi nombre. Pero mi jardín también podría ser el del Edén, se lo he escuchado a muchos de mis huéspedes mientras pasean por él. No en vano la etimología de paraíso hace referencia a jardín amurallado, y un muro del color de mi ciudad, rosado y con almenas, lo rodea.

Para celebrar el gran centenario del hotel La Mamounia, la pareja responsable del estudio Jouin Manku ha reformulado algunos espacios honrando la tradición marroquí de acogida y generosidad. En portada, uno de los porteros del complejo con capa.

La Suite Baldaquin toma su nombre de la suntuosa cama de tafetán blanco que define su decoración neutra.

Vista del salón de la Suite Baldaquin, llena de artesonados y marqueterías pintadas a mano con gran riqueza, tal y como puede verse también en otros rincones del hotel La Mamounia.

La piscina interior del spa del hotel La Mamounia, a cargo de la marca suiza Valmont, custodiada por un techo de vigas policromadas.

El restaurante L’Asiatique par Jean-Georges, donde la decoración original marroquí se fusiona con el espíritu gastronómico del chef mezclando influencias chinas, japonesas y tailandesas.

¿Has visto otro paraíso igual?

En el mío figura un huerto de naranjos, limoneros, hileras de olivos por cuyos troncos viejos trepan los jazmines, parterres con cactus espigados, otros redondos y rojizos, plataneros. Palmeras entre las que vuelan los mirlos y pasean indolentes mis gatos. Trece hectáreas de ensueño, con una piscina cuyos azulejos nacarados recuerdan a las escamas de los peces o a las colas de las sirenas, son para mis huéspedes un oasis de revelación y calma. Pero antes de descubrir el jardín, mis porteros de capa blanca y faja dorada, que son el primer rostro de mi hospitalidad legendaria, te abrirán mis puertas.

Ya desde el vestíbulo, cálido por los faroles que lo alumbran, no podrás evitar que tus ojos se dirijan hacia la lámpara joya de mi Gran Hall, con la que me han engalanado por mi aniversario. Dos collares suspendidos de mi techo piramidal, qué mejor obsequio para el cumpleaños de una Gran Dama. Treinta y dos tiras de cuentas de vidrio abrigan ristras de pasamanería rojas engastadas con quinientos colgantes de alpaca y plata labrados en la ciudad de Fez. La tradición de mi país arropada por un alma cosmopolita. Este es el leitmotiv que ha guiado mis sucesivas renovaciones desde mi nacimiento en 1923 por el genio de los arquitectos Marchisio y Prost.

La Suite Majorelle, parte de la decoración que realizó Jacques García en 2008 en el hotel La Mamounia, fue diseñada en homenaje al famoso pintor Jacques Majorelle con colores vivos y tejidos texturizados.

Otra vista del nuevo restaurante L’Asiatique par Jean-Georges, donde el dúo de diseñadores Jouin y Manku le dieron un toque del Lejano Oriente a la rica decoración local.

Imagen de uno de los patios exteriores de La Mamounia.

Dormitorio de la Suite Majorelle.

Le Salon de Thé par Pierre Hermé en el hotel La Mamounia se inspira en los salones marroquíes, con sus bancos enfrentados y orientados al centro del espacio, donde una fuente de mármol parece emerger del suelo.

Como si yo fuera un Ave Fénix

En mí palpita la arquitectura de un palacio de las mil y una noches. Lo sentirás cuando nades en la piscina de mi spa, cuando alces la mirada a mis techos de madera pintados con motivos vegetales y geométricos. Cuando camines bajo mis pórticos o atravieses mis arcos, o admires la ornamentación florida de mis puertas. Pero también palpita aún la estética Art Decó de mis primeros tiempos, y un espíritu contemporáneo, acogedor, a la vez que intemporal que han sabido imprimir los diseñadores Patrick Jouin y Sanjit Manku, reinventando algunos de mis espacios con motivo de mi aniversario.

Como el Salón de Honor, una impresión de negro y oro, con sus paredes de bambú donde se exponen fotografías y dedicatorias con las que mis huéspedes más ilustres me agasajaron tras su estancia. O las llamadas Alcobas de La Mamounia, espacios íntimos que rinden homenaje a las costumbres de mi país: el té, los caballos, la cerámica, la música, la joyería bereber… A una de estas alcobas te conducirán para darte la bienvenida. Tomarás asiento, en sus sillones rojos, inspirados en los sedaris de los oasis, y te servirán dátiles y una bebida de mis aromas, con almendras y flor de los naranjos para endulzar tu llegada.

Vista del jardín lleno de palmeras desde una de las suites ejecutivas, con suelo de teselas de mosaico artesanal, butacas de ratán y velador marroquí.

Retrato del pintor Jacques Majorelle en la suite que lleva su nombre con el color azul predilecto del artista.

Otro de los porteros en la entrada del hotel La Mamounia.

Tras conocerme, siempre me recordarás

Pronto te darás cuenta de que en mí se despertarán tus cinco sentidos. Vas a escuchar en los pasillos el murmullo de mis fuentes, el agua es, en nuestra cultura, vida, armonía, sosiego. Vas a escucharlo en mis patios, como el del salón de té del maestro Pierre Hermé, donde saborearás los macarons creados para mi centenario. La música árabe andalusí acompañará la caída de la tarde. Te espera la intimidad del bar Churchill, un vagón de tren antiguo, con su olor a madera, sus lámparas de vidrio verde, su gusto a whisky de malta y a caviar.

También te espera, por supuesto, el bar y el salón Majorelle, con su fresco icónico en el techo y sus sillas cuyos respaldos semejan las hojas de los plataneros. Te espera el Riad oculto en mi jardín donde degustarás los sabores de mi tierra. Te esperan mis terrazas: las casas rosadas de Marrakech y los minaretes de las mezquitas que se apagan entre las siluetas de las palmeras, mientras el almuecín llama a la oración. Y sentirás que mi casa es un lugar único. Inigualable. E imposible de olvidar.

Vista del magnífico jardín de 8 hectáreas de La Mamounia, una atracción convertida en puro placer visual para los huéspedes del hotel.

Una de las camas de la piscina interior del spa, instalada en medio de la esplendorosa estructura tradicional creada en 1923 por los arquitectos Prost y Marchisio en La Mamounia.

La nueva lámpara del centenario de La Mamounia, en forma de dos collares suspendidos en el aire, es un homenaje a la artesanía marroquí y a la feminidad bereber.