Vídeo: Enric Nogueras Montserrat
Interiorismo: Vilablanch

VÍDEO. Vilablanch honra en esta casa del Eixample barcelonés la memoria arquitectónica y el uso inesperado del color

Un uso inesperado del color para marcar las distintas capas de la historia de la casa. En el Eixample barcelonés, Vilablanch aplica una gráfica potente y atrevida que honra la memoria arquitectónica.

“El reto era mayúsculo”, comienza Elina Vilá, la mitad junto a Agnès Blanch del estudio catalán Vilablanch, al hablar de esta vivienda en el corazón del Quadrat d’Or de Barcelona. A los dueños les gustaba la ubicación y su terraza, pero eran demasiados metros (650 m2) para ellos dos solos, ya que durante la mayor parte del año sus tres hijos estudian fuera, y a la vez querían tamaño para reunir y acoger en las ocasiones especiales hasta a 14 miembros de la familia. Además, el espacio era muy recargado y solemne, pues queriendo ennoblecerlo, casi todos los elementos modernistas originales de 1901 habían sido sustituidos en una transformación posterior de 1955 por decoraciones neoclásicas como molduras, columnas jónicas, pilastras, medallones, angelitos, “y encima todo pintado en dorado”. Hasta los suelos de mosaico Nolla se habían cambiado por un mármol Travertino. 

Salón con sofás Camaleonda de Mario Bellini para B&B Italia, mesitas Gong de Capellini y alfombra Optics de Ovidi Benet, en Il·lacions. Colgada, obra de M’barek Bouhchichi.

La intervención consiste en cortes contundentes entre el color y el blanco. Lámpara Bollicosa de Cassina y de pie, Origine de Davide Groppi.

Así que había dos temas por resolver. El primero, de carácter funcional: ¿cómo crear un apartamento adecuado y acogedor para un matrimonio y a la vez tener la posibilidad de hacerlo crecer para todos sus hijos, invitados y familia? El segundo, estético: ¿qué hacer con las capas decorativas ostentosas que se habían superpuesto a la vivienda modernista original? El desafío era transformar ese palacio neoclásico en una casa moderna. Para la primera cuestión, rápidamente se les vino a la cabeza las enseñanzas del maestro Coderch. “Él decía que si las necesidades de una familia son cambiantes según el momento vital, por qué las plantas son rígidas cuando deberían ser flexibles. 

En el mismo salón, butacas Plywood de los Eames editadas por Vitra, delante, coffee table de cristal diseño de Alejandra Perini, en Il·lacions, y lámpara de techo Motion de Empty State. Dcha., banco Table Bench de Finn Juhl con lámpara de mesa de cristal esmerilado Lari de Karakter. Todos los muebles son de Minim.

La cocina verde contigua, con sistema b3 de Bulthaup. Mesa Drop Leaf y sillas Drawn, todo de &Tradition, y lámpara Lampe de Marseille de Nemo Lighting. Aquí se aprecia la estructura descubierta del edificio de carácter industrial. Parquet de lama ancha de roble natural.

En uno de los dormitorios, cama Lipp de Piero Lissoni para Living Divani con manta y cojines de Teixidors, mesita Gong de Cappellini y fotos de Jordi Bernadó. La pintura es la Natural Green de la Color Collection de Kerakoll.

Otra vista del hall verde, con cómoda D.655.2 de Gio Ponti para Molteni&C y obra El Reencuentro del artista Gino Rubert.

Nos inspiramos en su proyecto La herencia, un sistema con un núcleo central fijo (salón, comedor, cocina, habitación principal, baño y aseo de cortesía) a partir del cual la casa podía crecer en habitaciones secundarias con unas aberturas que se realizaban en la planta hacia arriba, hacia los lados o hacia abajo, dejando vacíos los forjados entre la planta inferior y superior de modo que se colocaba una escalera. La vivienda se adapta a sus habitantes, se contrae o dilata en función de las exigencias”, explica Elina. Así, crearon unas compuertas correderas y estancas que abren o cierran zonas y pueden sectorizar el piso en dos independientes. La casa puede tener dos, cinco o hasta siete dormitorios, crece y decrece en la parte central abriendo y cerrando las compuertas. “Las diseñamos nosotras en formica reuniendo los colores de la obra: negro, verde y azul. Los dibujos son geometrías que pueden recordar a figuras humanas o a los que hacía Gio Ponti. Un divertimento”, sonríe. 

En el comedor principal, mesa Eros de mármol de Angelo Mangiarotti para Agapecasa, sillas Reading Chair de Finn Juhl y lámpara Le Sfere de Astep.

En la cocina azul, con sistema b3 de Bulthaup combinado con madera, taburetes Tate Soft de Jasper Morrison para Cappellini y, al fondo, focos negros de Flos.

En el salón azul, sofá Surf de Molteni&C, mesitas de Charlotte Perriand para Cassina, alfombra AL-06 de Joan Tarragó y coffee tables de Alejandra Perini, en Il·lacions, y plafón Top de Vibia. En la pared, foto de Jordi Bernadó y, dcha., lámpara Three-Arm Fixed Spider de Serge Mouille. El color Navy Blue de Kerakoll reviste pared, suelo y techo.

En la sala de la chimenea, sofá Baker y mesita Eye, ambas de Finn Juhl. Obras de arte de Roman Palau. Izda., viga industrial de hierro y las compuertas diseño de Vilablanch.

Una vez resuelta la distribución, tocaba ponerse con la estética heredada. “Dolía especialmente ver cómo un espacio originalmente modernista, que imaginábamos maravilloso, había sido disfrazado con decoraciones neoclásicas en color dorado y pavimentos de mármol, en busca de una falsa elegancia. Nos preguntábamos: ¿hasta dónde retroceder y buscar su autenticidad? Demoler todo aquello hubiera sido costoso, poco ecológico…”, prosigue. Así que decidieron darle una segunda oportunidad, mostrar la historia del edificio a partir de lo existente, en una propuesta radical y atrevida que gira en torno al color. Unas cintas de color intenso envuelven las crujías principales: el azul y el verde, rescatados de las carpinterías modernistas del edificio, son los elegidos para señalar los elementos neoclásicos agregados en suelos, paredes y techos. “Aquí fue clave el uso de un nuevo material de Kerakoll, pues permite aplicar el color sobre diferentes materiales y obtener el mismo acabado, recubriendo sin agregar espesor”. 

En el dormitorio principal, cama Alys de B&B Italia con manta y cojines de Teixidors, lamparita Roy de Viabizzuno y de techo, Clear Bulbs de Flos. Al fondo, mesita Pana Cotta de Molteni&C. En la pared, fotografía de Diego Martínez Chacón.

En el baño del dormitorio principal, lavabo de Rapsel, grifos de Gessi, armarios con espejo de Agape, apliques de Tooy y revestimiento de Mosaicomicro, todo de Mat by Minim.

Un pasillo de la vivienda de 1901.

En las crujías secundarias, donde se habían añadido refuerzos estructurales, se eliminaron los artificios decorativos buscando la piel original. Al hacerlo, quedaron a la vista componentes que aportan una imagen más industrial: techos de vigueta y bovedilla, vigas y pilares de hierro. Remataron este look con un parquet de roble natural. Y por último, en los pocos espacios donde se conservaban elementos modernistas de origen, las carpinterías de madera y los techos con molduras se cubrieron de blanco. 

Así, en cada crujía se cambia el método de intervención: en las principales, pintar sobre lo existente, en las secundarias, descubrir la estructura y dejarla a la vista, y el poco modernismo que quedaba, enfatizarlo de blanco. La propuesta recorre toda la vivienda a modo de cortes contundentes entre el color y el blanco y el resultado es absolutamente impactante. Hay salón, comedor y cocina azul, y salón, comedor y cocina verde. “En cuanto al mobiliario, nos suele gustar proponer piezas con historia y fuerza, pero en este caso, donde el contenedor era ya muy potente, decidimos suavizar con muebles que parecen flotar. La cocina no toca las paredes, no hay nada empotrado ni integrado”. El humor y la vitalidad parecen haber triunfado en una intervención que apuesta por reutilizar en lugar de demoler. “Estamos encantadas y los clientes han sido absolutamente cómplices. Creemos que la casa ha quedado vitalista, energizante, libre, desenfadada, fresca, alegre…”, concluye Elina, mientras Vilablanch trabaja, entre otros, en una tienda y un barco.