Fotografía: Paloma Pacheco
Interiorismo: Viruta Lab

Cuando un poema inspira una reforma integral en Madrid centro: así es la nueva casa de 50 m2 a cargo de Viruta Lab

Con un tamaño diminuto pero partiendo de una referencia insólita, la pareja de arquitectos ha conseguido que este apartamento de la capital española respire luz y oscuridad, mediante un equilibrio de forma y función que es pura poesía visual.

Hay reformas que suponen un absoluto reto por el diminuto tamaño del espacio en el que toca operar. Y es que, en 2022, cuando un cliente contactó al dúo de Viruta Lab, los arquitectos David Puerta y María Daroz tuvieron que ingeniárselas para resolver el encargo que se les pedía entonces. Era un apartamento que no llegaba a 60 metros cuadrados y que, por si fuera poco, se ubicaba en un edificio protegido de los años 80 en el barrio madrileño de Salesas. El interiorismo que la pareja se encontró durante la primera visita era, claro está, el más común para una vivienda de esas fechas. “La casa estaba ultra compartimentada y su distribución era muy clásica, lo que no ayudaba nada a que los espacios fueran fluidos ni a que los interiores se iluminasen de forma natural”, recuerdan ambos.

Tanto en portada como en esta imagen, salón diseñado por Viruta Lab con alfombra de Rols Carpets, sofá de De Sede en Tristán Domecq Casa, butaca tapizada en Studio Bañón y busto sobre peana, en Judith San Quintín. La mecedora de Ángel Mombiedro y las mesas de centro años 70, en IKB 191.

Rotundo trasfondo

En Viruta Lab cuentan que, después de conocer el piso, se liaron la manta a la cabeza. Aceptaron el desafío, lo cual hicieron de una manera un tanto atípica. Fruto de la casualidad el dúo se encontró con un poema del escritor José Bergamín titulado Anocheció Madrid. “Llegó a nuestras manos y, al leerlo, alucinamos bastante, porque describía con gran exactitud las ideas que teníamos en mente para la vivienda”. Su punto de partida, tal y como los dos detallan, era articular una casa de apariencia masculina, que al acceder a ella a uno lo trasportara a aquellos clubs de los años 50 a los que iban los hombres a divertirse entre bebidas espirituosas.

“Nos apetecía que el apartamento tuviera cristal y el poema de Bergamín hablaba justamente de eso, del prisma de cristal que hace más transparente la luz de Madrid”, informan. “Lo mismo con el metal. En este proyecto queríamos empezar a utilizarlo porque hasta la fecha no lo habíamos trabajado mucho. Le teníamos un gran respeto por la frialdad que aporta, pero en el poema se mencionaba. El escritor describe una especie de urna de hielo generada por los metales”. En paralelo, la pareja de Viruta Lab también buscó un tipo muy concreto de tejidos. Los querían pesados y grises para evocar el invierno de la capital española desde un punto de vista bucólico, y porque el escritor, en el poema, hablaba de un diamante negro de terciopelo.

Otra vista del salón de esta casa en Madrid. El cuadro se adquirió en Tristán Domecq Casa.

Así es el comedor, a medio camino entre la cocina y la zona de noche de esta vivienda diseñada por Viruta Lab.

Alabando la luminaria Arc de Aromas del Campo, mesa de Gio Ponti en Judith San Quintín y sillas Refix de Jordi Ribaudí en Llop Madrid.

Imagen de la sobria cocina de la que dispone este apartamento en la capital. Las piezas de barro son de Tristán Domecq Casa.

Otra vista de la cocina con el suelo de parqué recuperado por el dúo de Viruta Lab.

Grandes iconos inolvidables

De acuerdo a los autores, la obra duró aproximadamente unos cuatro meses. Luego hubo que encargarse de la selección del mobiliario el cual, por supuesto, no fue arbitrario ni tampoco se escogió atendiendo a una razón meramente estética o visual. Los diseños que aquí figuran van más allá. “Teníamos clarísimo que debíamos contar con hitos de la segunda mitad del XX como protagonistas”. Por ejemplo, según desgranan, la mesa del comedor es una original de Gio Ponti de los años 50 y las de centro, confeccionadas en acero, se ingeniaron en los 70 igual que el sofá de piel DS-31 de la firma suiza De Sede.

El dúo de Viruta Lab no se olvida de subrayar cuál fue la mayor dificultad en la reforma. “Sin duda, los suelos”. ¿La razón? Su intención estaba encaminada a recuperar el parqué original. El problema vino cuando, al demoler tabiques, ambos se percataron de que no era un suelo corrido. Las diagonales de las tablillas no coincidían y por tanto hubo que hacer un verdadero encaje de bolillos, un auténtico puzle para luego, finalmente, lijar todo el suelo, quitarle el barniz amarillento y darle un tono más natural. “Pero estamos muy contentos con el resultado”, opinan, compartiendo por último su estancia favorita. “Es el salón porque, con la cristalera que le añadimos, ahora le entra una mayor iluminación natural y la estancia parece que sea el doble de grande de lo que en realidad es”.

El único dormitorio de la casa viene con ropa de cama de Matarranz, cabecero ad hoc por Viruta Lab y lámpara de mesa de Tristán Domecq Casa.

Las piezas de arte que acompañan el baño son de Judith San Quintín.

Vista del pasillo-vestidor que separa el salón-comedor de la zona de noche de la casa.