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Fotografía: Yevhenii Avramenko
Interiorismo: Yana Molodykh Interiors

Madera noble y sutiles referencias al constructivismo: Yana Molodykh diseña un ‘pied-à-terre’ en lo alto de Kiev

Inspirándose en el entorno, los oficios y la historia de la zona, esta interiorista ha sido la responsable de crear un nuevo lienzo para un apartamento lleno de matices, muebles esculturales y, en definitiva, una gran personalidad.

Para adaptarse al paisaje no siempre hace falta copiarlo. A veces es suficiente con extraer su esencia y plasmarla en pequeñas dosis, tal y como hizo Yana Molodykh en este apartamento de tan solo 50 metros cuadrados, nada más ni nada menos que en el corazón del histórico distrito de Podil en la capital ucraniana. “Mi objetivo”, comienza la autora, “era transmitir el contexto cultural de esta área a través del interiorismo”. Cosa que ella logró a base de mezclar elementos de la arquitectura clásica local y los colores propios del constructivismo, una corriente que nació en este país al este de Europa, junto a una buena dosis de madera noble en referencia a los antiguos artesanos y comerciantes que tanto abundaban en la zona.

Tanto en portada como en esta imagen, el área común del pied-à-terre con la lámpara Akari de Noguchi, en Vitra, presidiendo el espacio.

Vista del comedor con mesa y sillas de Buro150, lámpara de DCW éditions, candelabros de Tvoi Studio y, en la pared, póster vintage.

Diminuto pero altamente interesante

Situado en un octavo piso, ahora el apartamento es un pied-à-terre para una inquieta pareja en sus 60 que, retirados de la industria tecnológica después de casi cuatro décadas, buscaba la inmersión cultural junto a sus hijos y amigos. Pero, ¿por qué esta familia decidió mudarse a tal distrito? De acuerdo a Yana Molodykh, la elección tuvo que ver con la nostalgia: Podil les recordaba a Jersón, una ciudad-balneario en el sur de Ucrania. ¿Y qué hay de la vivienda? El desafío para la interiorista estaba relacionado, sobre todo, en convertir las limitaciones de su espacio en auténticas ventajas.

O mejor dicho, en las peculiaridades de la propia casa, en aquello que hoy la hace única. Así, las vigas y columnas de metal originales, lejos de desaparecer, durante la obra se colocaron de manera muy inteligente detrás de las estanterías, tal y como ocurre en el salón. Mientras, en el dormitorio se utilizaron de cara a los armarios ocultos optimizando de esta forma el número de metros cuadrados. Lo mismo ocurre en el vestidor independiente que figura en la entrada: allí se insertaron toda una serie de armarios aprovechando los huecos existentes entre las vigas y las columnas.

La cocina, revestida también con la madera estrella del proyecto, viene con lámpara colgante de Aromas Del Campo, taburetes de MZPA, bandeja de Muuto y conjunto de salero-pimentero de Normann Copenhagen.

Otra perspectiva de la cocina.

Detalle del comedor proyectado por Yana Molodykh.

El único dormitorio de la vivienda con cortinas de Zoffany, reloj de Vitra y aplique de DCW éditions.

Suavidad en su diseño

Dice Yana Molodykh que, como a los propietarios les gusta cocinar y recibir invitados, había que trazar una atmósfera lo más acogedora y funcional posible. “El sofá y los sillones, la forma de la mesa y las sillas no son así por casualidad”, subraya. “Era importante no sobrecargar el espacio con objetos masivos”. La ligereza resultaba esencial, y de ahí el tono tan claro utilizado para la madera, las formas curvas de los asientos, el hecho de que uno de los puntos focales de la vivienda sea una de las Akari Light Sculptures proyectadas por Isamu Noguchi en los 50. O que en el dormitorio la enorme viga del techo se disimulara con una caja de cartón yeso para reducir su rigidez visual y, con ello, evitar la sensación de una pesada estructura metálica en la estancia.

A la hora de enfatizar todavía más la ligereza, o una cierta sensación de dinamismo, Yana Molodykh acompañó la entrada de azulejos en el suelo junto a una puerta presidencial pintada en azul. De hecho, si por otro rasgo brilla esta vivienda es por la sinfonía de tonalidades que contiene, acentuadas por destellos de rojo, negro, terracota y blanco. Las paredes adornadas con pinturas de la firma Argile, pertenecientes a su colección Colores de la tierra, a la interiorista le evocaban recuerdos de la infancia, concretamente de aquellos días en los que ella ayudaba a su abuela, según cuenta, “a encalar paredes en Polissia con arcilla diluida en agua”.

La bienvenida a este pied-à-terre lo da un original espejo con lámparas cuya silueta evoca las formas del constructivismo.

Así es el vestidor que ingenió Yana Molodykh. Banco de Buro150.

La entrada de la casa se acompañó con carpinterías en azul Klein.

El origen de la obra

Otro de los rasgos interesantes del pied-à-terre es que, durante la reforma, los propietarios se empeñaron en conferirle elementos repletos de personalidad. La colaboración resultó en un diseño que en 2024 no solo refleja el amor de la pareja por el jazz o los viajes. Adentro también se rinde un homenaje a la artesanía de su hijo Vadim y su esposa Lisa, quienes dirigen un taller de muebles de madera artesanales. Lo que una vez más explica el uso tan predominante de este material a lo largo del apartamento, pero también el hecho de que Yana Molodykh fuese la interiorista escogida. “Yo llegué a trabajar en esta casa gracias a Vadim y Lisa”, concluye. “Ellos fueron quienes me recomendaron para el proyecto”.

En el baño se rindió homenaje al constructivismo mediante una mezcla de azulejos de cuatro marcas diferentes, complementados con apliques de terracota a cargo de la artista Yulia Kononenko.

Otra vista del baño.

Retrato de la interiorista Yana Molodykh.